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Mentaychocolate
Participante

Sr: Tuco, deducir de mis opiniones que mis sentimientos albergan el odio, es tanto como concluir que sus manifestaciones hacia mi persona son propias de un troglodita misógino.

Como considero que ni Vd. me conoce a mí, ni yo a Vd, voy a obviar lo que podía ser una ofensa recíproca.

Aquí somos meros intervinientes en un hilo y, obviamente, de ideas totalmente opuestas. Es obvio mi antipatía hacia la izquierda. Y no tengo por qué ocultarlo. Pero es hacia las ”ideas” de izquierdas, nunca hacia las “personas” de izquierda, que dicho sea de paso me merecen el máximo respeto, faltaría más.

No conozco el odio, y por más que ZP se empeñe, jamás podrá sembrarlo en mis sentimientos, porque  para que brote la mala hierba no basta con sembrarla, son necesarias unas condiciones adecuadas, un terreno que sea propicio, un cierto clima y unos abonos adecuados. En un medio dejado al “abandono” crecen todas las especies y las más duras arraigan mejor pero con rendimientos reducidos y en mi caso con ningún rendimiento, se lo aseguro.

Y dicho esto, y si Vd. me lo permite, seguiré  posteando en tanto los administradores de esta página no me consideren merecedora de ser baneada.

Antes de seguir, le aclaro ya que me lo ha preguntado, que durante el des-gobierno del partido socialista en España, me podrá encontrar en muchos sitios pero nunca en el LIMBO.  Lo siento por el abusivo uso de las MAYÚSCULAS y las negritas en mis exposiciones, pero así como Vd. las considera “efectos especiales” de la intolerancia, yo las tengo como una clase de tipografía que ayuda a resaltar y dar énfasis a la palabra escrita. No hay por qué retorcer los pensamientos hasta estrangularlos y menos si son ajenos.

Y ahora sí. Continúo con el hilo, que dicho sea de paso, me parece apasionante.

Retomo el tema de las similitudes entre ambos totalitarismos(el nazi y el comunista) que tanto escándalo ha provocado a algunos, como si uno fuera malo, malísimo y otro fuera la madre Teresa de Calcuta. Los dos sistemas,  tienen estructuras sociales muy semejantes.

Lo que tienen en común ambos totalitarismos es más importante que sus diferencias y me refiero con ello al culto al Jefe Supremo, el partido único, la policía política omnipresente, el intento de control total con métodos terroristas de toda vida política, económica, social, cultural y privada de los ciudadanos, la aniquilación del individuo, un estado todopoderoso, las deportaciones en masa. Todo eso son rasgos comunes a ambos sistemas.

Como diferencia está el hecho de que el nazismo hacía lo que decía. Su racismo a ultranza, la exaltación de la raza aria, su ultranacionalismo, su voluntad de conquistas imperiales, no están en absoluto ocultos ni disimulados, sino orgullosamente reivindicados.

El comunismo, en cambio, hace todo lo contrario de lo que dice. Se enmascara tras oropeles revolucionarios, proletarios y democráticos, pretende suprimir la “explotación del hombre por el hombre” y en realidad la agrava. Liquida lo que dice querer defender. Si el comunismo suprime la propiedad privada de los medios de producción, en la Alemania nazi la propiedad privada subsiste, pero sometida a las órdenes drásticas de las autoridades nazis.

En la Alemania nazi y en todos los países comunistas ha existido el exterminio humano, una especialidad nazi, un horror puramente nazi, difícil de comparar con otros horrores pero, a partir del momento en que Stalin se hizo con todo el poder, el antisemitismo también existió en la URSS, cientos de miles de judíos fueron deportados al gulag, pero nunca oficialmente por ser judíos, se les acusaba de cosmopolitismo, luego de sionismo, siempre de actividades antisoviéticas. Nunca se declaraban los motivos reales de aquella barbarie. ¿Puede aún ponerse en duda que lo que tienen en común los totalitarismos es más importante que sus diferencias? Me parece que no. El propio Hitler dijo que eran más los lazos que les unían al bolchevismo que los que les separaban. 

No sólo de pan vive el hombre, también de ilusiones. La ilusión es necesaria, da un sentido al vivir y mantiene la esperanza. Luchar por un mundo mejor donde los humanos sean libres e iguales es un proyecto más que aceptable, capaz de ilusionar a quien tenga un poco de corazón. Si el proyecto no funciona en la realidad, se dice que es ilusorio, y la ilusión esperanzadora se transforma en una ilusión de iluso. Las doctrinas son como las enfermedades, unas son contagiosas y otras, además, se vuelven endémicas y latentes.

La ilusión perdida se llama comunismo.

Según Marx las ideologías  tienen, como las latas de sardinas, una fecha límite de uso y consumo, consumirlas más tarde, produce intoxicación mental grave, que puede conducir a una “utopía mortífera”.

Lo que ha dominado durante casi un siglo, frente al capitalismo clásico, basado en la propiedad privada, es… otro capitalismo, basado en la propiedad estatal de todo y no sólo de los medios de producción. También de la cultura de la vida privada. Tanto es así que los sistemas comunistas aún vigentes (China, Vietnam, Corea del Norte, Cuba), necesitan para sobrevivir inyectarse fuertes dosis de capitalismo, como los ancianos moribundos morfina, dando a luz inéditos sistemas socio-políticos de férreas dictaduras de partido único, con desarrollo de un capitalismo peculiar, sin derecho de huelga ni sindicatos libres.

A pesar de todo y por mucho que no se acepte, el capitalismo se nutre, avanza, se modifica y fortalece a través de sus crisis.

Saluditos.