#105792
elino
Miembro

 

 

 

Siempre que aparece un tema del tipo que estamos tratando surge la controversia. Cada uno da un punto de vista diferente, con mejor o peor criterio, pero imagino que igualmente válido y respetableLo que no encuentro nada respetable son los puntos de vista, que con una retórica intachable intentan llevar el ascua a la sardina de su ideología política sin escatimar para tal fin en  frases hechas y  parcialmente interpretadas, y el consiguiente desempolvo del libro de historia por la hoja que más les interesa.

Es del todo irresponsable decir que la iglesia intenta manipular nuestras voluntades y crearnos un concepto moral cuando realmente quien nos está imponiendo un modelo moral es un gobierno- progresista eso si, faltaría más- por decreto ley. Ese es el moderno concepto, la moralidad por decreto ley.

Por ley, no como recomendación, el gobierno de turno nos dice lo que está bien y lo que está mal, lo que es ético y lo que no, quien, cuando y cuanto debemos fumar y beber….y así un largo etc.

Y llegados a este punto es donde aparece mi indignación. La Iglesia toma unos posicionamientos claros, que  nos gustarán más o menos, pero que a nadie compromete ni obliga y mucho menos castiga, por lo menos en esta vida. Ojala fuese tan fácil para mi desvincularme de las leyes de los gobiernos como lo es desvincularme de unos ideales cristianos y de sus prácticas.

Alguien puede decirme……pero las leyes son necesarias. Y ciertamente lo son. Al respecto de este tema ya teníamos una ley, creo que de una forma u otra, aceptada por la gran mayoría, pero como es obvio el Ministerio correspondiente junto con su titular, para demostrar su inutilidad, han dado una vuelta de rosca más para que de nuevo, allá donde había consenso surja de nuevo la ruptura y la polémica.

¿Porqué la Sra. Ministra, si quería lucirse, no ha hecho una buena ley de adopción?. Una ley por la cual las parejas españolas no tengan tantos impedimentos a la hora de adoptar los niños que esas futuras madres abortistas no quieren. Una ley mediante la cual las parejas que lo deseen no tengan que ir a adoptar chinitos, rusos, marroquíes o sudamericanos y permita vivir a esos ya seres humanos, a los cuales nadie les pidió la opinión para engendrarlos ni tampoco sobre su derecho a nacer y vivir.