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Me estoy preparando

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#109425
saavedra
Jefe de claves

Me estoy preparando psicológicamente para lo que se avecina; físicamente no parece que de momento me haga mucha falta, estos meses que llevo poniendo mis posaderas en las canterías de La Laguna y respirando aires entre pinares y “jhessas” parece que “el requiti lo’echau fuera”.

Ahora lo que me preocupa es, como decía al principio, la preparación psicológica para poder aguantar los embates dialecticos con los que nos van a fustigar durante estos meses que quedan hasta los próximos comicios electorales. Cierto es que en alguna parte del reino ya llevan algunos meses intentado recoger apoyos de los rabasaires (los de los propietarios de los predios ya los tienen asegurados) con el fin de hacer bueno un despropósito, a mi entender, que más que sumar divide; pero claro siempre es más fácil echar la culpa a los demás que reconocer los propios errores, aun haciendo la vista gorda a ciertos desmanes cometidos por “obras” y omisión.

Aunque me parece a mí que no me va a dar tiempo de la preparación, pues ya han empezado los cantos de sirenas y entre los anuncios mañaneros de la venta de los “¡melones y sandía María!” que cada mañana despiertan al más lirón de los humanos, aunque exista prohibición expresa, se están empezando a oír aquello tan manido de: bajada de impuestos, subida del gasto público, obras faraónica, -aunque algunas procedan de tiempos pretéritos- creación de puestos de trabajos, etc. etc… Otros, en cambio, van a “sacar los pies de las alforjas” y van a romper acuerdos de camas, mesas, sillones, “sofales y “sofalescamas”.

Los hay que ya han preparado actos de despedidas de y con sus conmilitones, incluso han intentado una especie de día de fiesta del trabajador, en falsa copia del Primero de Mayo; claro que en este caso solo estaba “abierta” a los trabajadores perteneciente al clan.

La siguiente reflexión vale para cualquier estructura territorial, así pienso y digo, que una de la diferencia entre los Estados democráticos y los que no lo son, es que en los primeros las Leyes se hacen para ser respetadas, y cuando llega el casos modificadas; pero nunca violadas y violentadas.

El diálogo, el aceptar la crítica, el consensuar…, hace que los ciudadanos no renieguen de sus representantes, aun en caso de que las decisiones tomadas no sean aceptadas por parte de los representados; caso contrario, el oscurantismo, el me opongo al propongo, el tú no sabes nada, la prepotencia…, conlleva al enfrentamiento, a los insultos, las mentiras, aparece el estado del miedo, la histeria…pero es que debe ser difícil haber estado algún tiempo en una acera y cuando el destino te coloca en la contraria se sigue teniendo la misma perceptiva anterior.

Aquellos que somos afiliados a partidos políticos, coaliciones, plataformas y demás entes que van a concurrir a las elecciones, tenemos un plus de peligrosidad mayor por aquello de tener que elegir a quienes sean nuestros representantes, cierto es que algunos ese peligro se lo dan solventado, pues el dedazo sigue imperando por algunos derroteros. Incluso a nivel local parece ser que ya existe algún mirlo blanco para encabezar listas electorales. ¡Cuidadín con los mirlos blancos, que luego pasa lo que pasa! que el mirlo se convierte en gaviota y ésta tira para el mar, que es su hábitat natural. Esto último tampoco quiere decir que el voto tenga que ser obligatorio a la pertenencia, por lo menos yo lo entiendo así y lo he practicado en alguna ocasión. Porque una cosa es comulgar con las bases y los principios de un partido y otra cosa distinta es ser cautivo.

Para no dejaros con mal sabor de boca, como por otra parte reconozco que me gustan mucho los cuentos y los romances voy a terminar, aun con peligro de resultar un plasta, con un viejo romance que me recuerda la niñez.

Romance de las tres cautivas

A la verde, verde, a la verde oliva,/donde cautivaron a las tres cautivas./El pícaro moro que las cautivó,/a la reina mora se las entregó./-¿Cómo se llamaban estas tres cautivas?/-La mayor, Constanza, la menor, Lucía,/y a la más pequeña, llamaban Rosalía./-¿Qué oficios daremos a las tres cautivas?./-Constanza amasaba, Lucía cernía/y la más pequeña, agua les traía./Yendo un día por agua a la fuente fría,/se encontró un anciano que de ella bebía:/-¿Qué haces ahí,/buen viejo, en la fuente fría?./-Estoy aguardando a mis tres cautivas./-Padre, usted es mi padre, y yo soy su hija;/Voy a darles parte a mis tres hermanitas./-Ya sabes, Constanza, ya sabes, Lucía,/como he visto a padre en la fuente fría./Constanza lloraba, Lucía temía,/y la más pequeña, así les decía:/-No llores, Constanza, no llores, Lucía,/que viniendo el moro larga nos daría./La pícara mora, que las escuchó,/abrió la mazmorra y allí las metió./Cuando vino el moro, de allí las sacó,/y a su pobre padre se las entregó.

Julio Saavedra Gutiérrez