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Llegará el día en que algunos nos tengamos que ir de España. El día 12 de febrero una turba de salvajes, una caterva (garrovillano "catalvá") de acémilas, unos dizque estudiantes impidieron que María San Gil diese una conferencia en la Universidad de Santiago de Compostela. Por supuesto eran independentistas, y, por supuesto, eran muy de izquierdas. Algunos escoltas terminaron heridos, intentaron agredir a la política vasca y se le gritó: “¡Ojalá te mate ETA!,  ¡fascista!”. ¡Qué asco!

¿Sabéis cómo lo ha contado la muy imparcial televisión de ZP? Pues con el siguiente titular: ENFRENTAMIENTOS DE ESTUDIANTES GALLEGOS CON LOS ESCOLTAS DE MARÍA SAN GIL. Menos mal que tenemos una televisión para todos y todas (siempre que sean de izquierdas).

Hechos como estos se vienen reproduciendo constantemente en la que se ha dado en llamar legislatura de los derechos (del derecho de media España a pisotear a la otra media). Esta es la España de ZP. Cuando veais a Zapatero responder vaguedades con ese tono impostado de voz en las entrevistas de almíbar de Gavilondo, que a nadie se le olvide que en Galicia está gobernando con gentuza cuya ceguera ideológica es tan grande, que les impide condenar el Holocausto: el asesinato masivo de seis millones de hombres, mujeres y niños por el simple hecho de ser judíos.

María San Gil es una persona entrañable, una heroína que acaba de atravesar un cáncer, y que, pudiendo vivir muy bien en una zona rica de España ha renunciado,como muchos del PP y antes también del PSOE, a una vida despreocupada por una vida amenazada. Y lo ha hecho por defender una idea, mi idea. Por eso yo la admiro, como admiro a Rosa Díez (convenientemente eliminada del aparato del partido). Este es el legado de ZP: que los que antes eran insultados y agredidos en Vascongadas y admirados en el resto de España, ahora también empiezan a ser odiados en el resto de España. 

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