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Decía Marx que «La historia siempre se repite, primero como tragedia y después como farsa».

En 1936 nuestros abuelos sufrieron la tragedia, la peor desgracia que puede asolar a una nación, una Guerra Civil. ¿Las causas? Muchas. Entre ellas, el sectarismo, la intolerancia, la falta de libertades públicas, la desesperanza de las clases desfavorecidas, el fanatismo implantado en una población mayoritariamente analfabeta, y la falta de respeto al resultado de las urnas cuando no les conviene a algunos. 

Ahora, casi ochenta años después, estamos viviendo la farsa. Los hay que están empeñados en reabrir heridas que se creían cerradas y que España se dirija por el mismo camino al mismo matadero. Cometiendo los mismos errores, cayendo en el populismo más barato, agitando los mismos fantasmas, aprovechando los medios de comunicación para manipular. La Historia enseña que es en estos momentos, cuando mucha gente, que no tiene nada que perder, porque ya lo han perdido casi todo, caen en manos de demagogos de tercera, manejados por fuerzas oscuras, prometiendo utopías de paraísos en la Tierra que suelen acabar como el infierno de Dante. Cada medida de supuesta justicia social que proponen, crea una montaña de agravios comparativos. Y el común de la gente no lo sabe, porque no se enseña Historia. Se inculca ideología. Se hace propaganda.

Todos estos movimientos, desde la Revolución Francesa, han transcurrido hasta la fecha del siguiente modo:

1º- Antiguamente por una sucesión de malas cosechas, hoy por un problema de productividad, se desarrolla una situación de empobrecimiento de grandes sectores de la población, llegando algunos de ellos a un legítimo descontento.

2º- Un régimen político cuyas clases dominantes (hoy en España los dos grandes partidos, sindicatos, y gran parte del sector empresarial) no resuelve la situación, pues se niegan a tomar las medidas necesarias, ya que éstas pudieran provocar que su situación en lo alto de la pirámide social, la cúspide política y económica, se viese amenazada.

3º- Surgen demagogos que denuncian la situación, siempre con una parte de razón, pero la mayor parte de las veces, manipulando a la sociedad con falsedades y exageraciones para formar un grupo de apoyo a su alrededor. Un demagogo es aquella persona que dice a las personas en situaciones complicadas lo que quieren oír. Fundamentalmente lo siguiente: «La culpa de tus dificultades es de (aquí añádase una clase social, una raza, o los seguidores de un pensamiento político). Si nosotros llegamos al poder, tus problemas terminarían». Por supuesto, no importa de qué modo se acceda al poder, porque a este tipo de gente, la legitimidad no se la da la mayoría, sino su creencia en el carácter moralmente superior de su ideología

Hasta aquí el estado actual de las cosas en España. A continuación, históricamente ha sucedido lo siguiente:

4º- Se produce una conflictividad social creciente y el salto cualitativo se da cuando ocurren las primeras muertes en algaradas callejeras. 

5º- Cada muerte es contestada con otras en una espiral creciente hasta que la tensión adquiere la forma de enfrentamiento civil.

6º- Uno de los bandos, con suerte por perversión de las instituciones existentes, o por medio de un un levantamiento armado y después de una guerra civil, accede al poder. Llega el momento en el que, por fin, tiene la oportunidad de poner en práctica sus políticas.

7º- Por supuesto, el primer paso consiste en eliminar a aquellos que parecían ser los causantes de la situación angustiosa anterior (los comunistas trataron de eliminar a la burguesía, los nazis a los judíos), pero las cosas no mejoran. Se colman los instintos más básicos de la gente, la envidia, la ira, la soberbia de saberse ganadores… durante un tiempo. 

8º- Sin embargo, todo lo anterior no lleva un plato de comida a la mesa de las familias. De cara al público, el nuevo régimen trata de suplir la falta de resultados con propaganda. Pero eso no dura mucho, porque la gente comienza a pensar: «Ya hemos eliminado a los que supuestamente causaban nuestros problemas, hemos colocado a los que nos iban a solucionar la vida y la situación, en vez de mejorar, ha empeorado

9º- El nuevo régimen, para sostenerse, busca más culpables. El discurso es el siguiente: «Nuestra ideología es tan buena, tan moralmente superior, que si tiene fallos, es porque tenemos enemigos escondidos en nuestras filas«. No se les ocurre pensar que su pensamiento puede estar equivocado, así pues, buscan enemigos internos a quienes castigar, si no los hay, se los inventa y, por supuesto, los elimina. También suele ser común que se embarque en conflictos con otras naciones para disimular los errores de la nueva clase dirigente. Esta situación se prolonga cíclicamente.

10º- Por último, después de muchos años, muchos muertos, mucha hambre, y mucho sufrimiento, la gente repara en que ha sido vilmente engañada y son pobres y miserables, mientras otras sociedades progresaban con otros principios, precisamente los que condenaba el régimen que, supuestamente, iba a traernos el paraíso en la tierra.

 

Todo el siglo XX no ha sido sino una sucesión de ejemplos de lo que acabo de describir. 

Sigamos así.

 

Otro ejemplo de que la frase de Karl Marx no deja de ser confirmada por la Historia en muchas ocasiones:

 

 

Una ley franquista de 1954 será usada para evitar los desahucios de las familias españolas

Detalles Publicado el Jueves, 18 Abril 2013 10:58Escrito por Mediterráneo Digitalstop-desahucios

 

El nuevo decreto aprobado por la Junta de Andalucía para frenar los desahucios tiene como justificación social laDeclaración Universal de los Derechos Humanos, la Constitución Española y el Estatuto de Autonomía, donde se recoge el derecho de los ciudadanos a tener una casa. Sin embargo, el anclaje jurídico de la medida, la expropiación de las viviendas a los bancos e inmobiliarias cuando, en determinadas circunstancias, pretendan desalojar a sus inquilinos por el impago de la hipoteca, es el artículo 52 de la Ley de Expropiación Forzosa, que data de 1954, en plena etapa franquista.

El decreto del gobierno andaluz, tras su publicación en el BOJA, está siendo objeto de una fuerte polémica. La normativa, en vigor desde ayer mismo, respalda en su exposición de motivos la expropiación temporal del uso de viviendas en «inminencia» de desahucio para hacer frente a una «situación de emergencia social».

El decreto, en la disposición adicional segunda, defiende la declaración de interés social de la expropiación de las viviendas a los bancos e inmobiliarias por circunstancias de «emergencia social». E igualmente declara «de urgente ocupación a los efectos previstos en el artículo 52 de la Ley de Expropiación Forzosa, de 16 de diciembre de 1954, la expropiación prevista en el decreto».

Es cierto que, constitucionalmente, Andalucía no tiene competencias para legislar sobre el núcleo duro del problema legal de los desahucios. Pero si que la Junta dispone constitucionalmente de la potestad para garantizar la función social de la vivienda, señala el magistrado Alfonso Villagómez. El Gobierno andaluz pretende que la norma habilite, en forma de decreto-ley, para que la administración andaluza ocupe temporalmente casas y pisos desocupados que pertenezcan a los bancos, promotoras, inmobiliarias y otras sociedades de gestión.

Como ya hemos señalado, en efecto, la Ley de Expropiación Forzosa de 1954, contempla esta intervención forzosa como un supuesto de ocupación peculiar de la propiedad privada ante la desatención de su función social por el propietario, cuando la Administración estima que en vez de expropiar procede la ocupación. Por lo tanto, es una «expropiación» provisional de la posesión por un periodo de tres años de aquellas viviendas sobre las que pese un expediente de desahucio, y siempre que vivan en ellas familias en riesgo de exclusión social. La Junta deberá satisfacer al banco que se haya quedado con la vivienda embargada un 2% del justiprecio al año, eso es, del precio al que saldría a subasta, que está así previsto en el misma Ley de Expropiación Forzosa.