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Humildemente, una recomendación

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liberal
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Con el ánimo de avivar el debate, a continuación voy a reproducir un artículo de Jesús Laínz  que, bajo el título “La atracción fatal de la izquierda española”, aparece en su libro España desquiciada (Ediciones Encuentro, 2007). Vale unos 15 €, más o menos como una noche de botellón, y su resaca es muchísimo más saludable. Lo recomiendo, especialmente a MI y a Vinocha. Si todavía el PARTIDO y sus televisiones no les han sorbido completamente la capacidad de raciocinio, quizá les abra algo los ojos:

¿Qué sucedería si la banda terrorista que, durante cuarenta años de actividad criminal, ha causado más de ochocientas víctimas mortales y sigue ocupando el epicentro de la vida política española fuese de extrema derecha? ¿Tendría el Gobierno socialista tantas contemplaciones con ella?¿Aceptaría creer en treguas? ¿Disminuiría la presión policial y judicial? ¿Ansiaría tan alegremente un final “sin vencedores ni vencidos”? ¿Insistiría en –como diría John Lennon y Yoko Ono hasta que  al asesino del primero le tocó abandonar la prisión para escándalo de la segunda- dar una oportunidad a la paz?

 

La izquierda española, mayoritariamente (y, por supuesto, mucho más los dirigentes que los votantes), ha solido mirar a ETA con ojos por lo menos comprensivos, cuando no amistosos. Sólo cambió parcial y temporalmente en los últimos años, sobre todo a causa de que, tras décadas de indiferencia ante la muerte de militares, policías y guardias civiles, empezaron a caer bajo las balas etarras políticos socialistas. Hasta 1978, la izquierda española consideró a los terroristas del nacionalismo vasco como la vanguardia de la lucha contra el franquismo y no fueron pocos los izquierdistas, tanto del PSOE como del PCE, que, en mayor o menor grado según cada caso, justificaron, comprendieron, compartieron fines, apoyaron e incluso colaboraron con los terroristas etarras y su entorno, desde numerosos militantes de base de los partidos y sindicatos izquierdistas hasta personalidades socialistas como el histórico dirigente Miguel Amilibia o los más recientes Txiqui Benegas o Gregorio Peces-Barba, aunque ahora no quede bien recordarlo.

 

Además, en unos años en los que el terrorismo de extrema derecha provocaba un número de víctimas abarcable con los dedos de las manos, el terrorismo de izquierdas (fundamentalmente GRAPO y ETA, aunque no hay que olvidar a Terra Lliure, FRAP, Comandos Autónomos Anticapitalistas, etc.) se apuntaba un millar mientras la izquierda española atronaba las calles al grito de ¡Vosotros, fascistas, sois los terroristas!

 

Esta alucinada percepción de la realidad es hija de ese curioso prejuicio –y tara moral- padecido por tantos, consistente en que mientras que las víctimas de las organizaciones y regímenes políticos de derechas son provocadas por la intrínseca maldad de las ideas derechistas, las víctimas provocadas por los de izquierdas –en número incomparablemente mayor- son los lamentables e indeseados daños colaterales causados por personas y regímenes cargados de buena voluntad. Los derechistas matan siempre con mala idea. Los izquierdistas, sin querer, con buena intención y por el bien de sus víctimas.

 No hay que olvidar, además, por muy escandaloso que pueda parecer a primera vista en estas décadas de beatificación de todo izquierdismo, que no en vano ETA comparte con PSOE e IU su ideología izquierdista, lo que les convierte, a pesar de las condenas recibidas debido a su utilización de la violencia, en hermanos políticos. ¿O acaso los que se denominan a sí mismos Sozialistak Abertzaleak (Socialistas Patriotas) o izquierda abertzale, rama política de la banda terrorista cuyo lema se resume en Independencia y Socialismo, son de derechas? En ello insiste con encomiable tenacidad la derecha española, empeñada en calificarles, una y otra vez, de fascistas, obedeciendo fielmente las consignas de la ingeniería lingüística marxista, que hace ya muchas décadas dio la orden de calificar de fascista todo lo que fuese reprobable, incluso lo proveniente de la izquierda, con lo que esta consigue echar balones fuera y cargar en el contrario hasta los defectos propios. (…).”