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El estado de Bienestar

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tuco
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Hacer una abstracción semejante no será fácil, pero me acordaré de los apuntes de una de las asignaturas que más me inspiraron en la universidad,  Historia y Análisis político, y de un pequeño librito verde, Conceptos fundamentales de Ciencia Política, de Alianza Editorial, lectura obligada para los políticos de hoy, que nadie confunda el recuerdo con la petulancia: El estado de Bienestar es una reforma del modelo clásico del Estado liberal, pretendiendo superar la crisis de legitimidad que este pueda sufrir sin tener que abandonar su estructura jurídico-política. Se caracteriza porque, a la tradicional garantía de las libertades individuales liberales, se une el reconocimiento como derechos colectivos de ciertos servicios sociales que el Estado ha de proveer “de la cuna a la tumba”, y nuestro sistema actual es un abuso sin precedentes de esto mismo. Aunque su origen se remonta al asistencialismo paternalista y postindustrial del s. XIX, su formulación actual nace tras la segunda guerra mundial, cuando liberalismo y socialdemocracia pactan que la reconstrucción económica europea debe hacerse con seguridad social para los trabajadores, pactos que hoy quedan muy lejos en el panorama político español. Supone un reajuste del capitalismo, pues se abandona la premisa de Estado mínimo no intervencionista y se acepta un mayor dirigismo público en la vida económica para eliminar disfuncionalidades del mercado, reformas que habida cuenta de la crisis internacional, no han sido muy efectivas, aunque los países fuertes ya empiezan a superar la crisis, los sistemas de control deben tenerse mucho más en cuenta. Según el famoso Informe Beveridge, que es el que pone en marcha el sistema de bienestar británico, para mí ideal, el gobierno debe responsabilizarse de ofrecer a la población sanidad gratuita, pensiones universales y acceso a la vivienda. Esta cobertura acompañada de la estrategia de pleno empleo y las políticas económicas keynesianas, fue capaz de generar un crecimiento económico sostenido en Europa hasta los años setenta. La crisis de entonces, que ha hecho reorientarse a los gobiernos hacia el mercado y la desregulación, aún no ha afectado a la estructura básica del Estado de Bienestar. No obstante, y aunque el estado social ha llegado a constitucionalizarse, el desmedido gasto público y el paro, que son propios de la Europa occidental, en unos países mucho más que en otros, y donde destacamos, pero no por el gasto, sino por el despilfarro, amenazan con el necesario replanteamiento del sistema. Motivos estructurales (desarrollo económico o tradición religiosa), y políticos (orientación de las clases medias y fuerza de los sindicatos, que en España es la que es), han llevado a distintas modalidades de aplicación del Estado del bienestar (explicadas por Esping – Andersen).Hay bibliografía y algunos resúmenes, textos y demás sobre el caso español en:http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=320427Un saludo.