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De ricos y pobres III

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#104444
liberal
Miembro

Hola a todos. Primeramente quería pedir perdón: he incluido en este foro dos veces el mismo texto. No es que sienta una necia vanidad intelectual por mis escritos, es que mi internet falla con frecuencia, y normalmente me suceden estas cosas. Ha sido un error.

Dicho esto, para quien se haya tomado la molestia de leer lo último que escribí, prometía un artículo sobre lo que yo llamé el tópico de que el sistema capitalista hace más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Veamos:

La aparentemente sencilla afirmación que realiza el sereno “Con el sistema capitalista, los ricos son cada vez más ricos, y los pobres, cada vez más pobres", es mucho más seria de lo que parece. Es un error garrafal de planteamiento, merced al cual se han justificado las atrocidades más traumáticas y de mayor proporción que ha conocido el género humano, ya que la ideología económica socialista está en la base del surgimiento de los totalitarismos del siglo XX, tanto del nacional – socialismo como del comunismo o socialismo real. Está en la raíz misma del nacimiento de la ideología de izquierdas. Cuando Karl Marx escribió El Capital, el contexto histórico era más o menos el siguiente: La Revolución industrial había producido dos fenómenos fundamentales: por un lado, un ascenso de la burguesía liberal, dueña de los negocios de las ciudades, y por otro, la creación de una nueva clase social: el proletariado, los trabajadores industriales de las fábricas de los burgueses, con unas condiciones laborales ciertamente lamentables, que rayaban en lo indigno. Pues bien, Marx pensaba que el capitalismo era un sistema insostenible. Para él, las empresas grandes acabarían comprando o eliminando a las más pequeñas, aumentando así la masa de proletarios, y la concentración del capital, del dinero, en un grupo de personas cada vez más reducido, que explotarían mucho más a los trabajadores para aumentar el rendimiento. Se crearía así una inmensa masa proletaria que, cuando tomara conciencia de clase, protagonizaría una revolución a nivel mundial, crearía una sociedad socialista sin clases, (todos Pizarros) último acto de la historia antes de que se pudiese instaurar el reino de la libertad, es decir, el comunismo.La aparentemente incontestable lógica de Marx, y su indudable brillantez, así como un cierto halo de defensor de las clases más desfavorecidas (a las que desde luego él no pertenecía), atrajo la admiración y el interés de muchos intelectuales. Pero lo cierto es que la realidad, a principios del siglo XX iba desmintiendo y echando por tierra todas sus hipótesis. En las sociedades con una mayor masa proletaria, debido a su mayor desarrollo industrial, como Inglaterra o Estados Unidos, las condiciones de los obreros mejoraban año tras año, en lugar de empeorar como Marx predijo. Por ello, si reparáis en qué países ha triunfado el comunismo, todos ellos eran sociedades predominantemente agrarias y escasamente industrializadas. Si bien la ideología del socialismo la pone Marx, el método para alcanzar el poder es obra de Lenin, y no consiste en una gran Revolución de masas, como Marx predijo, sino en un golpe de estado llevado a cabo por un grupúsculo de revolucionarios auténticos que sabrían en cada momento qué es lo que le conviene al pueblo.Dicho esto, y cualquiera que haya estudiado un primer curso de economía en la Universidad lo sabe (si su profesor no ha sido Miguel Sebastián, claro), el beneficio de la empresa privada, que es la unidad básica de producción del sistema capitalista aumenta la riqueza de los propietarios, de los empleados, ya que al disponer la empresa de más dinero, puede aumentar su remuneración, y de la sociedad en general. Además, en un sistema de competencia perfecta, con muchas empresas dedicándose a la misma actividad, los trabajadores pueden elegir la empresa que mejor se adapte a sus preferencias laborales. Esto hace a las empresas competir entre sí y mejorar las condiciones laborales de sus empleados para atraer a los profesionales más cualificados En una sociedad socialista, normalmente monopolista sin competencia, los obreros no tienen esa capacidad de elección.