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Anacleto agente secreto

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saavedra
Jefe de claves

Una de las primeras peñas que se crearon en Garrovillas con motivo de “los toros” fue la que se conoció como la “Peña del Tío Vivo”; todos los que pertenecimos a ellas teníamos un nombre relacionado con los personajes que se recreaban en el comic del que tomó su nombre; los nombres se relacionaban bien con la profesión, parecido u ocurrencia de los autores. A mí me toco ser “Anacleto agente secreto”; mi caso no era por la profesión, sino más bien por el parecido físico de mi “abundante cabellera” con el personaje en cuestión.

Aunque sí me gusta la novela negra y detectivesca (por poner un ejemplo Vázquez Montalbán), nunca me ha interesado lo del escudriñar en la vida de los demás. Incluso defiendo el uso de pseudónimos siempre que se utilice para no ocultarse cuando no se atreve el interfecto a dar la cara. Además, algunos nos pongamos lo que nos pongamos de sobrenombre, no engañamos ni al más inocente de los ratones.

Todos cuando escribimos tenemos ciertos rasgos identificativos, unos por la forma de expresarse, otros por la sintaxis, por alguna faltilla, e incluso por la forma de utilizar los recursos que da la gramática –acentos, puntuaciones, signos ortográficos, etc.,-. Incluso los hay que utilizan la estrategia de escribir copiando rasgos ajenos para falsear su identidad. Pero como en las mentiras siempre se “cogen a los mentirosos antes que a los cojos”.

Algunas vez ya he puesto que hay ciertas cosas que se deben dejar enfriar, no diría yo como la venganza, pues no soy vengativo, o por lo menos eso pienso yo; pero sí que algunos asuntos hay que dejarlos pasar una noche y consultar con la almohada antes de tomar ciertas decisiones. Esto me ha pasado con el asunto del mensaje del tal “El Justiciero”.

El mensaje es un despropósito de principio a fin, bueno, lo del principio no tanto si vemos que está colgado del hilo en el que se denuncia cierta práctica de no dar de alta a trabajadores que realizan alguna función para el Ayuntamiento, y en el que se ponen las iniciales de algunos de ellos, por esto puede ser que alguien se haya sentido aludido y tira por la calle del medio por miedo a perder algún privilegio y sin pararse a pensar, mezcla churras con merinas y hasta con “jorras”. Como no sabría identificar las iniciales ni sus correspondientes identidades no me atrevo a aventurar nada, solo es una suposición. Incalificable lo del personaje, no le voy a decir más de lo que le han dicho, máxime cuando viendo la polémica que ha generado ha esperado demasiado para escribir pidiendo disculpa. Valiente que es el personaje, tras de sí lleva la penitencia.

Otra cuestión, que aunque no sea de la vileza de este asunto también tiene su enjundia.

¿Así que el manipulador de los vídeos de los Plenos es un funcionario? Demás sabe quien hace ésta afirmación que eso no es así, grabarse se graban en el Ayuntamiento, -solo faltaría celebrar el pleno en alguna cochera- pero cocinarse ¿dónde se cocinan? ¡Ay cuanto “sancho-panzas” celestino!

Termino, de agente secreto solo el nombre de la peña, pero diré que más pronto que tarde saldrá al escenario el autor de la diatriba justiciera y no hará falta publicar su IP, en primer lugar porque se está pidiendo algo que me parece a mí que va un poco en contra de la Ley de Protección de Datos y en segundo lugar porque alguien cercano a su entorno y que sabe quién es, lo soltará para ocultar sus propias miserias o delatar al comediante oculto.

Julio Saavedra Gutiérrez