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Los 10 alimentos más perjudiciales de nuestra despensa

Garrovillas de Alconétar Foros Generales La Laguna Los 10 alimentos más perjudiciales de nuestra despensa

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    cesar
    Jefe de claves

    En una dieta normal y corriente de cualquier persona hay un sinfín de productos alimenticios causantes de importantes desequilibrios en el organismo. Aunque puede parecer difícil de comprender que estos alimentos perjudiciales hayan llegado a utilizarse para consumo humano y se comercialicen a nivel global, esto es así por algunas de sus supuestas propiedades beneficiosas, como puede ser aportar sabor o favorecer la conservación, aunque la raíz siempre es por motivos económicos, dejando a un lado el perjuicio para la salud, especialmente tratándose de un consumo excesivo y habitual. Lo que nos debe preocupar ahora es identificar los alimentos dañinos de una vez por todas e ir reduciéndolos de nuestra dieta para sustituirlos paulatinamente por alternativas más saludables.

    1. El primero y más peligroso de estos alimentos es el azúcar blanco refinado, que se añade a los productos de repostería, golosinas, refrescos dulces con gas, zumos comerciales, etc, además de ser un alimento que no suele faltar en la despensa de todo hogar. Este azúcar refinado y desnaturalizado provoca directamente varios problemas entre los que destacan adicción, el aumento de la toxicidad en la sangre y desmineralización, además de hiperactividad en los niños. Algunos de los problemas que provoca esta sustancia a largo plazo son descalcificación ósea y dental, caries, osteoporosis, arteriosclerosis, obesidad, diabetes, etc. Además es bien conocido el caso de los surfistas australianos que murieron con varios tumores cerebrales a causa del consumo diario de unas ocho latas de refrescos dulces con gas, a pesar de tener una dieta sana y llevar una vida puramente deportista; cada lata de estos refrescos azucarados contiene unas 8 cucharaditas de azúcar, lo equivalente a unos trescientos gramos de esta sustancia. Igual de nefastos para la salud son tanto la sacarina como el aspartamo. Edulcorantes naturales como la stevia, la miel, las melazas de cereales o de azúcar de caña, el jarabe de arce, etc, son alternativas muchísimo más ricas y nutritivas.

    2. Otro alimento dañino que no falta en casa de nadie es lasal blanqueada y desnaturalizada o sal de mesa, que además de añadirse a todos o casi todos nuestros alimentos y platos, se utiliza como ingrediente en un sinfín de productos comerciales. Esta sal ha pasado por un procesado industrial en el que se calienta y blanquea, hasta que se convierte en puro cloruro sódico casi en su totalidad, es decir, que pierde la mayoría de sus minerales y deja de ser un alimento adecuado para transformarse en una sustancia en absoluto nutritiva y, por supuesto, totalmente perjudicial para la salud. Además está contraindicada frente a problemas de hipertensión por la proporción excesiva de sodio que contiene, pero esto es así a causa del tratamiento industrial al que se somete, pues la sal marina pura en realidad es un alimento completísimo y sanísimo que posee todos los minerales y muchos oligoelementos imprescindibles y en la cantidad justa que necesita nuestro cuerpo.

    3. Las grasas hidrogenadas y los aceites hidrogenados se utilizan como ingredientes en todos los alimentos de repostería, aperitivos, y un largo etc. Se les llama “hidrogenados” porque durante el nefasto procesado industrial al que se someten, reciben una hidrogenación parcial a altísimas temperaturas, parece ser que para proporcionar un producto final más duradero. Se sabe a día de hoy que estos no son más que sustancias con gran cantidad de residuos químicos tóxicos y con un valor nutritivo nulo, por lo tanto es recomendable evitar cualquier tipo de alimento que las incluya entre sus ingredientes, como por ejemplo las margarinas, las galletas comerciales, etc, y consumir en su lugar alimentos ecológicos, naturales, de preparación artesanal y tradicional o que especifiquen que no contienen este tipo de ingredientes. También es importante buscar siempre aceites en cuya etiqueta se especifique que son aceites de primera presión en frío, que se extraen de la semilla bajo un cuidadoso proceso sin el uso de productos químicos y siempre a bajas temperaturas, respetando así sus propiedades nutritivas. Además, es preferible comprar aceites que hayan sido envasados en recipientes que no dejen pasar la luz, como botellas de cristal oscuro o latas, que evitan la pérdida de propiedades.

    4. Los cereales y harinas de cereales refinados y sus derivados constituyen también parte de los alimentos menos recomendables y que suelen estar incluidos en nuestra dieta. El procesado industrial de refinamiento al que se someten los cereales, elimina no sólo la fibra, que favorecería su ya de por sí complicada digestión, sino también el germen, que es la parte más nutritiva. Esto implica además que el contenido en almidón de los cereales refinados es extremadamente alto, lo cual los hace aún más difíciles de digerir. Cualquier tipo de cereal refinado, como el arroz blanco convencional, y también la pasta no integral, los panes y la bollería comerciales, etc, están hechos, a menos que se indique lo contrario, con cereales procesados o harinas refinadas, con lo cual, podemos deducir que su consumo (a menudo abusivo) no es nada saludable. No pasa lo mismo con los cereales integrales y derivados de cereales integrales, ya que éstos al mantener intactos todos sus elementos nutritivos y fibras, poseen un mayor valor alimenticio, son más fáciles de digerir y contienen muchísimo menos almidón. En el caso de consumir cereales integrales como el arroz, mijo, quinoa, etc, será importante remojarlos unos minutos, igual que se hace con las legumbres, antes de cocinarlos para lavarlos y eliminar así algunas sustancias naturales que los recubren y que pueden provocar ligeros problemas digestivos. El consumo total de cereales y derivados debe ser moderado.

    5. Sobre los conservantes y colorantes artificiales no va a ser necesario hablar mucho de porque a todo el mundo les resultan familiares estos términos. Sabemos que son químicos y que muchos de los que se utilizan también son tóxicos. ¿Porqué se siguen vendiendo y, lo peor, comprando, alimentos con aditivos de este tipo? Pues bien, es la industria alimentaria junto con su “tecnología de los alimentos” la encargada de satisfacer la fuerte demanda de productos alimenticios de las superpobladas sociedades occidentales. Esta “tecnología” consiste básicamente en tratar los alimentos física, química y biológicamente para aumentar y acelerar la producción y para que lleguen al mercado en un estado óptimo y se mantenga este durante el máximo tiempo posible; los procesos aplicados implican desde modificaciones genéticas y el uso de productos químicos, hasta la inclusión de antibióticos o hervir, vaporizar y freír a altísimas temperaturas los alimentos, posteriormente cargarlos de conservantes y aditivos para finalmente congelarlos, embotarlos o enlatarlos durante meses o años, todo ello con el fin de cubrir las necesidades nutricionales de millones de personas, a pesar de que tras ese sinfín de perjudiciales procesados desnaturalizadores, y otros muchos que no se han citado, es muy difícil que los alimentos mantengan sus propiedades nutritivas intactas, sean estos del tipo que sean. Por eso conviene buscar alimentos que no pasen por tales procesados y que no contengan este tipo de aditivos, alimentos ecológicos o de fabricación más cuidadosa y artesanal.

    6. De la leche de vaca y productos lácteos derivadostampoco hace falta hablar demasiado y aunque son unos alimentos que desde hace mucho tiempo han formado parte de nuestra alimentación, el consumo habitual o como mínimo abusivo, está desaconsejado actualmente por los expertos en nutrición. Recientes investigaciones dicen muy poco a favor de la leche de vaca pasteurizada que tan vinculada a estado y está a la alimentación, tanto infantil como adulta, en la sociedad actual. No sólo se ha confirmado que provoca todo tipo de alergias y enfermedades, sino que también se asegura que, a pesar de la gran cantidad de calcio que posee entre sus propiedades, debido a la alta proporción de fósforo y la baja proporción de magnesio que contiene, este no se absorbe adecuadamente, y no sólo no se absorbe sino que también desmineraliza. Además, se sabe que con la edad se pierde la enzima intestinal que permite su adecuada digestión. Si a todo esto se añaden las sustancias que se administra a los animales como son las hormonas, los antibióticos, etc, el procesado desnaturalizador al que se somete la leche, los aditivos que se le añaden… nos encontramos con una triste realidad. Entre la extensa lista de problemas que provoca la leche industrial en la salud se encuentran los siguientes: descalcificación, osteoporosis, acné, problemas digestivos, putrefacción en los intestinos, etc. Parece obvio que la leche no es hoy en día como era en la antigüedad, por lo tanto no podemos esperar de su consumo los mismos resultados en nuestro organismo y salud. Los yogures o quesos son quizá los menos nocivos de todo el repertorio de alimentos derivados de la leche de vaca, por tratarse de alimentos fermentados, pero tampoco se aconseja abusar de ellos. La leche de cabra y sus derivados son sin duda una alternativa mucho mejor, ya que esta posee la misma proporción de proteínas, calcio, fósforo y otros nutrientes, que la leche humana, además de ser baja en grasas y de fácil digestión. Si el consumo de leche está muy arraigado en tus hábitos, también puedes adquirir leche de vaca ecológica de la que existen muchas marcas y todas de muy buena calidad.

    7. La comida rápida tampoco requiere extenderse demasiado en explicaciones, pues no podría decirse sobre ella nada que no sepamos ya. El concepto comida rápida suele hacer referencia a bocadillos o hamburguesas con panes de harina refinada, carnes o embutidos de dudosa procedencia y excesivamente cocinados, patatas refritas en aceites reutilizados y refrescos con gas, además de postres de helado con grandes dosis de azúcar refinado. Digamos que es la antítesis perfecta del ideal de dieta saludable y de todo lo referente a la calidad de los alimentos. Sólo hay que ver el desproporcionado índice de obesidad y cánceres, entre otros muchos problemas y enfermedades, que padecen los habitantes de los países donde más se consume comida de este tipo.

    8. Los alimentos pre-cocinados y congelados se han convertido actualmente en el plato del día para mucha gente, especialmente para personas ocupadas que disponen de poco tiempo para prepararse las comidas. Más que el hecho en sí de que hayan sido congelados e independientemente del tiempo que permanezcan almacenados en ese estado, el problema de estos radica en el modo en que han sido industrialmente cocinados, justo antes de ser congelados y transportados a los comercios para su consumo. Normalmente estos alimentos carecen de la mayor parte de su valor nutritivo, en primer lugar, porque las materias primas alimenticias utilizadas no son ni de buena calidad ni frescas, en segundo lugar, porque se le añaden aditivos y conservantes químicos, y en tercer lugar, porque la cocción es rápida y se lleva a cabo a temperaturas elevadas. Si cuando llegan estos productos al consumidor se le añade a todo este proceso un recalentamiento rápido con microondas, u horno a altas temperaturas, nos encontramos con un alimento caliente eso sí, pero completamente muerto y sin propiedades nutritivas de ningún tipo.

    ganaderia-acologica-bioastur9. Actualmente, los alimentos procedentes de la agricultura y la ganadería convencionales pasan por rigurosos controles de calidad, en los que se procura, por un lado, que el alimento en sí tenga el mejor aspecto que sea posible, por el otro, que no contenga agentes patógenos que puedan provocar enfermedades en los consumidores, y finalmente, que los alimentos estén en perfecto estado de conservación durante el máximo tiempo posible; todos estos aspectos pueden ser importantes, sin duda. Sin embargo, muchas veces para conseguir esto, primero, se modifica biotecnológicamente la naturaleza misma del alimento, y segundo, se le añade directa o indirectamente y en todas las fases previas a su consumo, una gran cantidad de sustancias químicas tóxicas; eso sin olvidar que durante el envasado industrial de los alimentos que se destinan en conserva a los comercios, estos son esterilizados por medio de agresivos procesos desnaturalizadores que eliminan gran parte de sus propiedades nutritivas. Esto le hace pensar a uno si no será peor el remedio que la enfermedad. Las modificaciones genéticas, el uso de abonos químicos, herbicidas, pesticidas y plaguicidas que se vierten en la tierra y los alimentos, las hormonas y antibióticos que se les administra a los animales, el maltrato que sufren, y un largo etc, todo ello supone un brutal deterioro del alimento y envenenamiento del medio ambiente y del consumidor, además de una descomunal inversión científico-tecnológica para conseguir un alimento de cuestionables beneficios para la salud. Es preferible no consumir demasiados alimentos de origen animal, pero en caso de hacerlo la alternativa más sana, al igual que para el resto de la comida de nuestra dieta, es consumir alimentos ecológicos o de fabricación cuidadosa, artesanal y tradicional que serán siempre las opciones más saludables y que nos aseguren realmente mejor calidad, máxima frescura y, en el caso de los alimentos de origen animal, como mínimo, que garanticen una crianza digna para ellos.

    36694_350x280_72_DPI_010. Aunque la contaminación marina que ha provocado la industria durante décadas y décadas se dispersa en la gran inmensidad de los océanos lo suficiente como para no convertir sus aguas en potencialmente peligrosas para la vida, existe un problema con ciertos tipos de pescado y mariscoque están más expuestos a sufrir las consecuencias y quedar contaminados por mercurio, cadmio, plomo, estaño y arsénico (entre otros), debido a su tamaño, tiempo de vida y zonas que frecuentan. Es recomendable restringir el consumo de peces como caballatrucha de lagosardinablanquillopangaluciotiburónpez espadachicharro y atún, y moluscos como el mejillón y la almeja. Se desaconseja también el consumo de pescados procedentes de criaderos y piscifactorías. Es mejor consumir peces pequeños y jóvenes. A pesar del mercurio, los pescados silvestres son una mejor opción que los cultivados en granjas, ricos en hormonas y pobremente nutridos.

    fuente http://www.safme.es/?p=761

    #109081
    Geli
    Participante

    me  parece muy interesante ,esta informacion

     

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