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Halloween en Estremaura

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    kupiu
    Jefe de claves

    Artículo de OSCEC (Órgano de Seguimiento y Coordinación del Extremeño y su Cultura)

    El Día de Todos los Santos lleva celebrándose en Extremadura desde mucho tiempo antes de que llegara el cristianismo. En efecto, el origen de este día es la festividad del Samhain, la más importante dentro del calendario celta puesto que señalaba tanto el año nuevo como el final del verano y el comienzo del invierno.

    Dentro del mundo celta se encontraban también nuestros antepasados lusitanos, vetones y túrdulos y, por supuesto, celebraban este día. Es por esto, y no gracias a romanos, cristianos o americanos, que dos mil años después se sigue celebrando en Extremadura. Aparece con cerca de quince denominaciones distintas y esto nos da cuenta de lo profundamente arraigada que está esta festividad en nuestra tierra.

    Pero, a pesar de ello, corre un gran peligro porque son siglos los que llevan intentando soterrarla. Ya en el siglo III nos la disfrazaron de cristianismo y, desde el siglo pasado, tenemos que soportar a medios de comunicación, grandes superficies comerciales y a los propios colegios e institutos tratando de imponernos ese Halloween vacío de significado, movido por intereses económicos y diseñado para entretener a gente deshumanizada y acostumbrada a pertenecer al rebaño. Cuando los americanos empezaron a agujerear calabazas y a comprar disfraces, aquí ya estábamos celebrando el Samhain desde hace muchos, muchos siglos.

    Halloween es un término inglés con influencia de las lenguas gaélicas para referirse al Día de todos los Santos. Es decir, estamos hablando de la denominación de una fiesta ya cristianizada. Porque Samhain, el nombre original, no hace referencia a los santos ni a los difuntos; Samhain, en los antiguos idiomas celtas, significa propiamente ‘fin del verano’. Era una fiesta de la comunidad, la fiesta del fin de la luz y la entrada en el ciclo anual de tinieblas y oscuridad, el invierno.Los celtas creían que la puerta que une este mundo con el inframundo se abría con la llegada del Samhain. Por eso era la fiesta en la que honraban a sus antepasados, cuando más cerca se sentían de ellos. Y era costumbre ya en esta época hacerles ofrendas florales así que resulta evidente por qué se cristianizó como Día de Todos los Santos.

    Pero cuando esta puerta del inframundo se abre también se acercan a cruzarla los espíritus malignos. Es por eso que esta festividad, y todas las del invierno, tienen ese trasfondo de ahuyentar todo lo malo, todo lo oscuro, ya sea disfrazándose o encendiendo hogueras.

    Nuestros antepasados se vestían con harapos y máscaras para adoptar la apariencia de un espíritu maligno y evitar así ser dañados. Los espíritus eran suplantados por hombres jóvenes vestidos de blanco con máscaras o la cara pintada de negro. Seensuciaban las casas y las decoraban con huesos, calaveras y murciélagos para que los muertos pasaran de largo. Hoy, cientos de años después, seguimos haciendo lo mismo aunque ahora pensemos que lo hemos copiado de América. Y es que nos hanenseñado a creer que en Extremadura no teníamos pasado ni historia. Nos han enseñado a creer que el Jarramplas, el Jurramacho, las Carantoñas o las Encamisás son simples coincidencias.

    Las hogueras tenían también un papel fundamental en este día. Todos los otros fuegos se apagaban y en cada hogar se encendía una hoguera en la chimenea. Se sacrificaban animales y los huesos se arrojaban a la hoguera. Este fuego sagradorecibía el nombre de Magosto, y es el nombre que esta fiesta recibe en la actualidad en varios pueblos del oeste de Extremadura.

    Por los pueblos de Extremadura

    Estos son los distintos nombres con que este día es conocida en los diversos pueblos:

    “La Moragá” de Serradilla“La Mogará” de Castañar de Ibor“Los Tosantos” de Alconchel“El Magusto” de Carbajo y Valencia de Alcántara“La Chaquetía” de Mérida, Calzadilla de los Barros y Bienvenida“La Cachetía” de la Sierra de Montánchez“La Chiquitía” de Santibañez el Alto y el Bajo“La Borrajá” de Hoyos“La Calbotá” y “La Corrombla” de Villanueva de la Vera“La Carvochá” o “Calvochá” de Las Hurdes“Los Calbotes” de Plasencia y de Bohonal de Ibor“El Carbote” de Casar de Cáceres“Los Pantasmas” de La Siberia“El Conqui” de Quintana de la Serena, Montijo y Malpartida de Cáceres.

    La celebración

    Veamos ahora cómo se vive esta fiesta en la actualidad en nuestras distintas comarcas. Pero nos vamos a fijar antes en detalle en aquellas que tienen especial una especial relevancia o singularidad:

    “Los Pantasmas” de La Siberia

    En la Calabria Extremeña, la parte más oriental de la Siberia, los “pantasmas” (fantasmas) usaban las calabazas para ponérselas en la cabeza y asustar a la gente. Los «pantasmas» eran personas que, tapadas y disfrazadas de blanco, salían de noche a deshora, para asustar a la gente; normalmente llevaban una calabaza agujereada en la cabeza y con una vela. Esto, que atemorizaba bastante a la gente, duró hasta la guerra civil, una época en la que se quedaron prohibidas casi todas las manifestaciones que implicaban llevar el rostro cubierto en Extremadura.

    “El Conqui” de Quintana de la Serena, Montijo y Malpartida

    En Quintana de la Serena cantan:“La calavera el conqui ya se murió”“La Calavera el Conqui no tien pelo ni cola”

    Lo que hace verdaderamente singular este caso es que en la lengua extremeña, el castúo, ‘Conqui’ quiere decir precisamente ‘Trato’. Así que incluso lo más pretendidamente auténtico del Halloween, ese “truco o trato”, ya estaba en Extremadura incluso antes de que los americanos empezaran a celebrar su Halloween.

    Durante estos días los niños entretenidos paseaban por los pueblos sus calabazas, sus sandías y sus melones. Los vaciaban, les hacían los ojos y la boca con una navaja y les ponían una vela dentro. Y las llamaban ‘Calavera el Conqui’ (Calavera del truco).

    En Montijo, el melón convertido en calavera se colocaba sobre una tabla y los niños los llevaban por las casas donde la gente les daba monedas o chucherías mientras cantaban:

    La calavera al Conquite da muchos sustinossi mos das caramelosmos iremos prontino

    En Malpartida de Cáceres, por la noche, la chiquillería salía a la calle con calaveras encendidas hechas con la cáscara de las sandías de año, ya que eran las únicas que duraban hasta estas fechas y cantaban:

    “La calavera, zapatos verdes, vestío de seda”

    Por toda Extremadura

    En general se puede hablar de un ritual compartido por todos los pueblos de Extremadura en este día y que no hace sino mostrar la estrecha relación con el Samhain celta:

    Los niños van en fila y balancean las calaveras mientras cantan, piden castañas, higos y bellotas y las comen alrededor de esa hoguera sagrada, de ese Magosto, que antes comentábamos.Los niños iban de casa en casa pidiendo al son de las diversas cancioncillas:

    “Tía María, demi usté la chaquetía de los pollus de mi tía. Unos cantan y otros pían y otros dicin, castañas cocías, castañas cocías.”

    “Tía, tía, dami la chiquitía, que si no no eris mi tía”

    “Tia Maria demi vusté la chaquetía o si no le cortu el su rabu i la su torzia”

    “Los Santos o te rompo los cántaros”

    La gente les daba principalmente los frutos del tiempo, nueces, castañas, higos pasos, granadas…. y después de recoger la chaquetía, a comérsela, unos en el pueblo y otros en el campo.Como hemos comentado, era el tiempo de hacer las calaveras para asustar y para que salieran las pantarujas, una especie de fantasma o alma en pena que paseaba por el pueblo.También aparecían en este día las ‘ánimas benditas’ que recorrían las calles del pueblo pidiendo dinero de casa en casa. Eran personas enlutadas y encapuchadas, que llevaban esquilas y pasaban por las calles murmurando “alegrías” como:

    “Las ánimas del purgatoriupolas callis an salíudandu gritus i cramorisque las oigan sus amigus.”

    Muchas veces terminaban en el cementerio, donde las mujeres se reunían para rezar y que antes se había limpiado y adornado con flores y velas. De hecho, hay varios pueblos donde a los niños, para que se porten bien y se acuesten, se les asusta diciendo que debajo hay un cementerio celta.

    Epílogo:

    Esperamos que estas líneas os hayan mostrado que tenemos, y muy vivas, nuestras propias fiestas. Unas fiestas que existen en el territorio de la antigua Lusitania, en torno a la actual Extremadura, y no existen en ningún otro lugar del sur peninsular. Aunque adoptemos modas y costumbres de otros lugares es responsabilidad de todos que las nuestras no se acaben perdiendo. Es labor de todos detener esta aculturación que nos quieren imponer y empezar a defender nuestra propia cultura.

    ¡Madres, padres y maestros extremeños!: Por muy salaos que estén vuestros hijos y alumnos vestidos de esqueletos y zombis pensad el sentido profundo que tienen estos días y si de verdad merece la pena gastarse el dinero en todo eso sólo para echarles otra foto o es mejor llevarlos con los abuelos para que recuperen la fiesta tal y como siempre se ha venido celebrando.Porque sería verdaderamente triste perder unas costumbres que han sobrevivido a romanos, visigodos, árabes, leoneses y castellanos. Todos ellos intentaron imponernos su cultura pero la realidad es que no lo consiguieron: a la vista está que nuestras fiestas y tradiciones no se corresponden con las de Castilla o las de León. Nuestras costumbres y raíces no son ni romanas ni árabes ni cristianas; nuestras costumbres ancestrales son de origen celta y han pervivido desde entonces.

    Así que, queridos lusitanos y vetones, ¡feliz Samhaín! Para nuestros antepasados hoy 1 de Noviembre era el Año Nuevo. Así que salid a la ventana o a la calle, mirad a la luna y recordad que hace ahora 2500 años nuestros antepasados estaban a estas horas celebrando su nochevieja.

    Fuente: http://oscec.blogspot.com.es/

     

    #110132
    saavedra
    Jefe de claves

    Entendiendo lo vasto y heterogéneo del mapa de tradiciones, costumbres y del léxico extremeño, y no queriendo sentar cátedra con la dificultad que todo ello encierra, comprendo que desde el OSCEC (Órgano de Seguimiento y Coordinación del Extremeño y su Cultura)no se puedan exponer cada una de las singularidades locales en cuanto a fiestas y celebraciones se refiere, por ello y a la vista que en el artículo precedente no se hace mención alguna a la particularidad garrovillana, me voy a atrever a hacer algún apunte particular.

    Empezaré por un retazo de lo publicado por Moisés Marcos De Sande en la Revista de Estudios Extremeños allá por 1946 que dice referente a la celebración de “Todos los Santos”:

    “En vísperas de Todos los Santos, los monaguillos recorren el pueblo pidiendo de casa en casa al conjuro de “Tous los Santus”, recibiendo limosnas en dinero y en especie para la cena y fogata del mencionado, dibujando una artística cruz con carboncillo en las fachadas de las casas donde les dieron limosnas, para que no entre el diablo en ellas. Piden también leña para calentarse en la torre, donde están toda la noche tocando las campanas”.

    Hasta aquí lo que decía aquel estudioso del folklore garrovillano, a lo que añado alguna cuestión propia, y que son resultas de recuerdos de infancia y juventud, como es el caso de la costumbre de hacer “los cassamientus” utilizando el “jhigu pasu” al que se le “preñaba” con algún fruto seco, normalmente nuez, castaña, bellota…; otra costumbre, y no particular de la localidad, es hacer “el calboti”, que como en cualquier lugar consiste en asar las castañas y en alguna ocasión las bellotas. “El calboti” comúnmente consiste en hacer un agujero en el suelo introducir el fruto seco correspondiente y hacer una lumbre sobre éstos, otra forma es la de hacer la correspondiente “fogata” y echar directamente las castañas o bellotas al borrajo; sin despreciar el uso de alguna lata o sartén, previamente agujereada para saltear “los calbotis”.

    Propio de la época es comer granadas y membrillos, las primeras se solían desgranar y azucararlas en un plato para ser comidas con cucharas; el membrillo se solía hacer en compota o en almíbar, como en casi todas partes.

    Otra costumbre, aunque modificada con el tiempo, es la de “irse de dolmía”. Es una costumbre puramente de hombres, consistente en que durante la celebración de “Todos los Santos” y el “día de los difuntos” irse al campo, si bien como he dicho el motivo y el contexto han cambiado bastante en los últimos años. Hace algún tiempo, cuando esta tierra daba honor a una de las hipótesis sobre su nombre “Hispania”, que quería decir “tierra o isla de conejos”, y abundaba esta especie por los campos; los hombres por aquello de que comenzaba la época de caza y que además la mujer estaba dedicada a la limpieza y adorno de los nichos y panteones; los hombres se quitaban del medio, se cargaban de escopeta y perro y se iban a dormir al campo, con la intención primera de comer de aquello que se cazaba, que no era poco por aquellos entonces, siempre acompañado con la correspondiente arroba de vino y alguna que otra vianda para acompañar la caza, normalmente algo de embutido local, tocino para hacer los torreznos, y las sopas de lo que hubiese para calentarse el cuerpo.

    Esto en los últimos tiempos es lo que digo que ha cambiado sustancialmente, hoy los hombres siguen saliendo al campo, si bien es cierto que han cambiado las escopetas por un cargamento de botellas y de avituallamiento gastronómico de todo tipo, ¡eso sí! donde no falta el conejo y alguna liebre que no ha sido de caza propia, sino comprada; el objetivo no es cazar, es pescar, bueno pescar no, pescarla, así se puede ver el campo garrovillano durante la celebración mencionada, más poblado que de costumbre y casas que antes servían para el resguardo de pastores y agricultores, lo que se conocía como “cassas de labol”, se convierten en exquisitos “restaurantes” con carta a base de “patatas con conejos”, “arroz con liebre”, las consabidas “migas” para el desayuno y todo aquello que aguanten durante dos o tres días los cuerpos de los camperos eventuales, eso sí, regado con su correspondiente cerveza, vino a tutiplén, y lo que por aquí se conoce como “pirulo” o copa de vaso largo.

    Terminaré con parte de la letra de un son cubano: “como cambian los tiempos Venancio…”

    Julio Saavedra Gutiérrez.

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