Este proyecto ofrece múltiples resultados del análisis de  los restos megalíticos del vado de Alconétar, que podrían encuadrarse en cronologías del tercer milenio antes de Cristo, uno de los muchos tesoros de la Historia de Garrovillas. Saludos.

https://www.youtube.com/embed/zf4o4VLYoZM

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Proyecto Alconetar

 

Este es el enlace del Proyecto Alconétar, dirigido por Enrique Cerrillo Cuenca y desarrollado desde el Instituto Arqueológico de Mérida (CSIC), tuve la suerte participar con ellos y conocer este proyecto interesantísimo  de primera mano, mientras hacía las prácticas de un master que curse hace un par de años, envio el enlace para que podais ver como va el proyecto y cuales son las líneas de investigación:http://www.iam.csic.es/alconetar/Principal.html

Lo ideal sería poner en valor todo lo que está saliendo ahora a la luz, conociendo el enclave, con la torre de Floripes, el puente de Alconétar, las barcas, los molinos, la calzada romana y la cañada real, entre otras muchas cosas; que mejor que este proyecto para actuar como desencadenante de un centro de interpretación, donde se explique claramente la importancia de la zona desde todas las perspectivas históricas que hoy conocemos mucho mejor, desde el megalitismo, pasando por Roma, visigodos, musulmanes, cristianos, puentes del ferrocarril sumergidos, hasta llegar a la historia del tiempo presente, todo ello puede verse reflejado en un centro de interpretación que exponga todas estas realidades que no están valoradas y que mucha gente desconoce, así acercaremos a todos nuestras señas de identidad.Un saludo.

Centro de Interpretación Alconétar

 

Ojalá fuese posible ver algo así en Garrovillas.  Mucha gente dejaría de ver piedras amontonadas y un lago enorme, y empezaría a ver que esas piedras tienen un sentido y que debajo de toda esa agua hay una parte muy importante de nuestra pasada y reciente historia que no debemos perder. Muchos deberían mirar más allá de la superficie del agua del lago y descubrirían algo que se daba por perdido.   Una pista importante la tenemos en el enlace que hay un poco más arriba, debajo del vídeo de este artículo, que se llama -Reconstrucción fotográfica del vado de Alconétar-.  Otra pista también muy valiosa, que pronto perderemos, es la de nuestros mayores que se dejaron media vida por ese fondo del lago, entre los puentes y las piedras "sin sentido"; y que si no les preguntamos, sus relatos se perderán para siempre.
Me gusta la idea porque yo ya he mirado bajo la superficie del agua y he leído el porqué de las piedras por eso os dejo el final del relato que presenté a las II Jornadas de Historias Locales de Extremadura.
 
Hoy, en estos días de asueto que disfruto con mi esposa y mis hijas, por Semana Santa de 2010, desde esta atalaya del pelado cerro entre el Morisco y el arroyo de La Parra, en la que me encuentro, y desde la que he visto en multitud de ocasiones las fluctuaciones del nivel de las aguas del pantano sin que nunca bajaran más allá de los pies de la Torre de Floripes, discurro imbuido en pensamientos perdidos entre los años cincuenta y ocho, sesenta, sesenta y cuatro y setenta, en los que imagino que hablo con mi abuelo Nicolás, con mi abuela Elena, con mis padres, Jesús y Concha, con mi tío Manolo, con mi tío Felipe, con mi hermana Elena,  con mi hermana María Gracia, con la perra Choni y hasta conmigo mismo al nacer,   imagino pasear por el Garrovillas de entonces, imagino cómo fue aquel río del que tantas veces me habló mi padre, imagino cómo sería cruzar el Tajo con la barca, imagino pescar con la red por las noches, imagino los días pasar en la casa de La Luria, imagino…
-Papá, ¿Qué miras?
-Papá, papá ¿Qué estás mirando?  -Me repetía una y otra vez Cristina, mi pequeña de nueve años, mientras no paraba de lanzar piedras al agua con sus hermanas Sara, la mayor de catorce, casi quince años y Andrea, a menos de treinta días de cumplir once.
-Nada hija. Nada. El agua.  –Le contesté y siguió lanzando pizarras compitiendo con sus hermanas.
Recordé entonces a mi padre cuando miraba como extraviado las aguas del río durante largos ratos imaginando cosas que luego no me contaba. A veces, se le gastaba el cigarro entre los dedos sin llevárselo a la boca y cerraba con fuerza los puños como intentando agarrarse a algo que rondaba en sus pensamientos y se le escapaba y mojaba sus ojos y apretaba los labios. Ahora se qué miraba.
Sentados después junto a la orilla, mientras mis hijas jugaban y mi esposa, María Isabel, me acompañaba en silencio, realmente lo que miraba, era nada, el impersonal reflejo ondulante del agua, pero lo que veía, esforzándome en atravesar la primera capa, era La Luria, la barca, los remolinos del río, a mis padres y abuelos, a mi hermana y mis tíos, a los cosecheros, pastores, mieleros, piconeros, a un tiempo pasado y a un lugar del que pocos quedan  con conocimiento de todo aquello.
-¿En qué piensas?  -Me preguntó con dulzura mi esposa.
-Pues te lo voy a contar ¿Quieres cruzar el río conmigo?  
Un saludo.
  

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