San Pedro, uno de los tres mejores templos de la provincia.- Santa María, obra de maestros garrovillanos.- Uno de los órganos más antiguos de Europa.- Las doce ermitas que Garrovillas tuvo.

SAN PEDRO

Es ya un tópico el dicho de que San Pedro Apóstol de Garrovillas es uno de los tres mejores templos de la provincia de Cáceres, junto a los de Santa María de Cáceres y de Brozas. Aquí es suficiente con reseñarlo para que el visitante tome conciencia de que se encuentra ante una obra singular, dentro de un enclave muy preciado: atrás queda la Plaza Mayor y desde el breve jardín del atrio recoge en un golpe de vista un lienzo de viejas mansiones que culmina arriba con el convento- iglesia de Nuestra Señora de la Salud. Por fuera puede reparar que se trata de un templo-fortaleza con posibilidad, por tanto, de servir de refugio. La fábrica es de estilo de estilo gótico, del siglo XV, muy probablemente finalizada en el año 1493, diecisiete años después que se decidiera la construcción del convento San Francisco, hoy en ruinas.

Sin embargo, existen comentaristas que enmarcan alguna parte del templo dentro del siglo XIV, concretamente la portada que hoy sirve de acceso principal. Sería la sección más antigua del templo y también la puerta más valiosa. La portada está enmarcada por un recuadro, en el que sobresalen tres escudos; en el centro, uno con un jarrón de azucenas y, a la derecha e izquierda, las armas de los señores de la villa, condes de Alba de Liste. La portada principal es sencilla y sobre ella se eleva la torre de generosa planta rectangular. Del tiempo de la reconstrucción de la torre son tres escudos, situados en el segundo cuerpo. Todo el templo está construido en sillería de granito, de estilo ojival.

En la cabecera de las naves laterales existen ventanales góticos de forma circular. Consta de tres naves, cada una de ellas con cuatro crucerías, cubiertas por bóvedas de crucería estrellada. Las naves laterales son más bajas que la principal y en la cabecera de cada una de ellas se encuentran sendos retablos que datan de los siglos XVII y XVIII, respectivamente. El altar de la nave del Evangelio es de estilo barroco, en madera sin dorar y posiblemente corresponda al maestro garrovillano Juan Granda. El retablo mayor es de estilo renacentista, con columnas que enmarcan tablas de valor, a pesar de una restauración deficiente. El retablo se apoya en un pedestal cuyos frentes están recubiertos con tres paneles de azulejos de mediados del siglo XVI, obra de Juan Flores.

En los últimos años se ha dado especial importancia a este conjunto de azulejos, dos de ellos con fecha y firma, ya que no tienen parangón con los talleres de Talavera y de Sevilla de aquel tiempo. Dentro del templo es de admirar la pila bautismal, hecha de granito de una única pieza de estilo románico; una talla de un Cristo, llamado de las Injurias, cuya advocación y leyenda referiremos en el capitulo dedicado al convento de San Antonio, actualmente en ruinas. Finalmente, destaquemos el órgano, que es una pieza valiosa que data del siglo XVIII. En el archivo parroquial de San Pedro se encuentra un ejemplar de las Constituciones y Ordenanzas del Cabildo Eclesiástico de Garrovillas, escrito en pergamino del siglo XVI. Igualmente se conservan tres volúmenes y un índice del Código de las Siete Partidas, en la edición salmantina de 1576.

SANTA MARÍA

Distante de San Pedro, la iglesia de Santa María será el último gran monumento que visitemos, antes de encaminarnos hacia el Convento de San Antonio. El templo de Santa María de la Consolación, que es su nombre completo, comenzó a construirse dos años después del Descubrimiento de América y se termino en el año 1520. Está construido en sillería granítica. Fue autor del plano el maestro placentino Francisco González y encargados de su ejecución los garrovillanos Alonso de Béjar, Diego Alonso Barrera, quienes ajustaron la obra en el precio de ciento cuarenta mil reales.

Es de forma rectangular, con una sola nave de tres tramos de bóveda de crucería. Tiene tres puertas, una de ellas transformada en tránsito hacia una capilla. La portada principal es gótica, enmarcada por dos pilastras ascendentes, unidas entre sí por una pequeña moldura. La portada de la izquierda esta rematada por una hornacina en la que se encuentra una imagen de piedra de la Virgen, bajo la advocación de las Nieves, que da nombre a la puerta y a la plaza colindante. El coro del templo da origen a una valiosa bóveda casi plana, en cuyos extremos figuran dos medallones con imágenes de San Pedro y de San Pablo. El retablo mayor es del siglo XVII y se alza sobre un zócalo. Los recuadros de los diversos cuerpos contienen lienzos que representan misterios de la vida de la Virgen.

Delante de los mismos y, por tanto, dificultando su visión, se colocaron imágenes, algunas de ellas muy valiosas, procedentes de antiguas ermitas ya desaparecidas, especialmente del Convento de San Antonio. Remata el retablo un artístico calvario. En uno de los altares laterales se encuentra una impresionante imagen de la Flagelación, «el amarrao a la columna», celebre no solo por su talla, sino también por el pleito que la cofradía sostuvo con el obispo de Coria, D. Alvarez de castro. En el siglo XVIII se amplió la iglesia por la parte derecha. Las obras de esta capilla fueron realizadas por el maestro garrovillano, Pablo Domínguez, que dirigió, entre otras, las de la Audiencia de Cáceres y el Seminario de Coria. Lo mas valioso de esta Capilla son dos retablos de madera de nogal sin dorar, el mayor, dedicado a la Virgen de las Mercedes, realizado en el año 1741, por el vecino de Garrovillas Juan Granda, uno de los mas grandes «maestros de retablos» de la época. El segundo retablo tiene dos hornacinas gemelas, con tallas de San Antonio de Padua y San Pedro de Alcántara.

Esta ultima puede considerarse entre las mejores de cuantas se hicieron con motivo de la canonización del Santo Extremeño y que llenan todos los pueblos de la comarca. No debemos abandonar el templo sin subir al coro para admirar el órgano que esta considerado como uno de los mas antiguos de Europa y que figura destacado en todos los trabajos especializados. Según la inscripción que en él figura fue adquirido por la Cofradía del Santo Rosario en 1667 y costó catorce mil quinientos reales. El erudito extremeño don Carmelo Solís afirma que en el año 1615 fue reparado por un vecino de Brozas, lo que hace suponer que su origen es muy anterior a la fecha que figura en la citada grabación.

LAS ERMITAS

Para terminar lo concerniente a la arquitectura religiosa garrovillana digamos que existen, en las afuera del pueblo, las ermitas del Cristo del Humilladero, de San Antón y de la Soledad y un calvario granítico, en defínete estado de conservación. Sin embargo, todo ello no es más que símbolo el esplendor que en otro tiempo tuvieron las cofradías y los santuarios, En as mencionadas actas de la Real Audiencia de Extremadura, levantadas en el año 1970, se indicaba que existían treinta y una capellanías en Santa Maria y treinta y dos en la parroquia de San Pedro.

Cada parroquia tenía un hospital propio para asistencia a lo enfermos. Existían nueve cofradías, con ordenanzas particulares, tres conventos: San Antonio, Nuestra señora de la Salud y Santa Isabel, este último hoy desaparecido. Así describían los relatores de la Audiencia de Extremadura la existencia de hasta doce ermitas o santuarios: “Nuestra Señora de Altagracia, distante dos leguas, deciente y con hospedería, regido por dos capellanes que tienen la obligación de celebrar dos misas todos los días de preceptos, una de alba y otra de las nueve de la mañana, siendo la mayor de presentación del dueño temporal y la otra por el guardián de San Francisco de esta villa, hallándose su capellán mayor de ecónomo en otro pueblo, por lo que no cumple con su obligación; la de San Lorenzo y San Blas, pertenecientes a sus cofradías, distantes cada una un cuarto de legua de la villa; Santa Catalina, a tres cuartos, la que se halla casi en ruinas.

Cercanas al pueblo están: San Antón, San Sebastián y San Juan, bastante decentes y con sus respectivas cofradías; Cristo del Humilladero, San Pablo, San Miguel y San Roque, totalmente abandonadas y a punto de arruinarse. Dentro de la villa, San Bartolomé, la que sirve para enterramiento de pobres.”

Texto pertenecientes a la Guía historico-artistica de Garrovillas de Alconetar.

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