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¡Palremus estremeñu!

Entre nusotrus i nusotrus palramus estremeñu pa platical. Quandu mos ajuntamus aquí, procuramus quasi que siempri de palrá-lu, porque la mejol manera que tenemus de defendel el estremeñu es palrandu-lu. Es la horma d’aprendel los marrus que hazemus. Entovía hazemus muchus». Quien habla es uno de los principales defensores y divulgadores del dialecto extremeño en la región, Ismael Carmona, presidente del Organo de Seguimiento y Coordinación del Extremeño y su Cultura (Oscec).

El objetivo de este colectivo, creado hace dos años siguiendo la estela de asociaciones anteriores, es dar a conocer e investigar una forma de hablar que pervive entre los más mayores de las zonas rurales, pero que tiene secuelas en muchos extremeños. ¿Quién no ha escuchado decir ‘asina’, ‘entoavía’ o se ha puesto ‘pingandito’ o ‘gimiendo’? Pues estas cuatro palabras no pertenecen al castellano, sino al extremeño. «Hay mucha gente que las utiliza todavía y criticamos que están hablando mal y no es así sino que están hablando en extremeño sin saberlo», defiende Ismael, profesor de Latín.

Hay quienes sí lo saben y lo utilizan para dar valor a este dialecto que con la acción uniformadora de la escuela y la proliferación de los medios de comunicación empezó a perder prestigio social, llegando a considerarse vulgar o cateto, «lo que aumenta el desapego de los ciudadanos y ese es el principal hándicap», cuenta. En extremeño, mucho más allá de los reconocidos Luis Chamizo o Gabriel y Galán, se siguen escribiendo libros. El último, ‘Ceborrincho’, de Miguel y Elisa Herrero, dos hermanos de Ceclavín afincados en Madrid, recoge varios relatos de la naturaleza y el entorno rural en prosa poética. Además de libros, hay cartas de menú traducidas en extremeño, en el Hotel Julio de Trujillo; resúmenes de tesis doctorales cuyos autores han pedido expresamente incluir este dialecto como si del inglés se tratara y hay hasta una película, ‘Territoriu de bandoleros’, grabada el año pasado por los vecinos de Serradilla, uno de los municipios extremeños más implicados en la lucha por conservar este habla. Garrovillas o Piornal están en la misma línea.

 

«La lengua del pueblo»

Nunca llegó a ser una lengua oficial, pero en casa de Bienvenido Gutiérrez, se ha hablado toda la vida. «Era la lengua del pueblo hasta hace 50 años», recuerda. Este vecino de Miajadas, presidente de la asociación local Pablo Gonzálvez sobre el habla extremeño, es otro de los defensores de una lengua que despierta más interés fuera que dentro de la región. Tanto que la Oscec cuenta con medio centenar de socios repartidos por toda la geografía regional y nacional, pero también en Canadá. Entre todos buscan las raíces de este viejo dialecto que tiene influencias del portugués, el asturleonés, el árabe y el castellano y cuyos hablantes se extienden más allá de los límites geográficos de la región. «En Extremadura se habla más al norte que al sur, más al oeste que al este, pero también en pueblos de Salamanca por ejemplo. Incluso hay municipios extremeños como Helechosa de los Montes en los que no se habla», cuenta Carlos del Sol, otro profesor de Latín miembro de Oscec, cuyo colectivo engloba a docentes, estudiantes, investigadores,…

Esta organización se reparte el trabajo en tres comisiones: Lengua, Literatura y Cultura. En la primera se encargan de investigar, de rebuscar en los orígenes yendo de pueblo en pueblo y de consensuar una norma para escribir un dialecto que difiere entre sus propios hablantes. «Cuando vamos a los pueblos a dar charlas nos damos cuenta de que a la gente le gusta. Hay veces que empiezan a escucharnos riéndose y terminan llorando porque el habla les recuerda a sus padres y se quedan maravillados».

Desde que echó a andar este colectivo se han elaborado documentos que están pendientes de su publicación. «Tenemos una ortografía redactada y un diccionario con 18.000 entradas que llevo mucho tiempo recopilando. Nos falta la gramática que hemos empezado y tenemos consensuadas conjugaciones de verbos, orden sintáctico… pero queda mucho por hacer», afirma Ismael, que reconoce que a veces hasta sueña en ‘estremeñu’. Lo que no tienen tampoco es presupuesto. «No nos hemos planteado buscar subvenciones ahora mismo, hacemos cosas con las cuotas que pagamos los socios, que no dan para mucho, y divulgando a través de internet». Pese a los escasos recursos con que cuentan la lucha por mantenerlo vivo está presente más allá de la región. Entre las actividades que realizan, está una sección en Radio Unión Cataluña, donde cada sábado –a las 10.30 horas– desde hace un año, Ismael habla extremeño durante quince minutos.

Pero la divulgación de esta modalidad lingüística como tal tiene también detractores. Hay quien asegura que más que una lengua generalizada, cada pueblo habla su propio extremeño. «Es una de las cosas contra las que estamos luchando. Unos dicen que el extremeño es un castellano mal hablado, otros lo reconocen como dialecto propio pero otros dicen que hablan garrovillano o serradillano. Y estamos desmontando eso. Es cierto que cada pueblo puede hacer una adaptación de una misma palabra, pero la raíz es la misma», defienden los socios de este colectivo. Un ejemplo que pone Ismael es la palabra ‘alicantina’, mentira en castellano, que en algunos municipios se dice ‘lecantina’. «Este es el argumento que sale de la universidad para dinamitar la cohesión del extremeño», critica.

Sin embargo los socios del Oscec reconocen que este dialecto está más extendido de lo que pensamos. «Nos estamos encontrado bandos en ayuntamientos que evidencian su presencia, que escriben cosas como la mediodía, que en extremeño es una palabra femenina pero en castellano es masculina, o frases como ‘caer los nidos de los árboles’, ese uso de caer es extremeño‡», explican. Y hay más ejemplos: «los extremeños no soñamos, sino que nos soñamos con algo, se utiliza ser casado y no estar casado,… y como estos hay casos infinitos‡». Esta es otra labor del colectivo, hacer consciente a la población de lo que realmente está hablando. «Que no corrijan a los niños, que les expliquen que algunas palabras que sueltan son extremeño, no castellano‡». Y es que aunque para muchos este dialecto esté ya perdido, otros, como los socios del Oscec, evidencian que todavía hay mucho interés. En Facebook existen diversos grupos sobre el ‡’estremeñu’ y blogs en internet, además de diversos textos y publicaciones que este colectivo intenta recopilar. Una de esas publicaciones que está en la calle es el Diccionario Extremeño (1980) del filólogo Antonio Viudas Camarasa que este diario regala por fascículos cada semana y que en dos ediciones ha llegado a vender 4.000 ejemplares. Una muestra de que el extremeño no está tan muerto.

fuente http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/extremadura/palremus-estremenu-_766468.html

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