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Garrovillas de Alconétar: el sabor de las tradiciones extremeñas

Casi en el centro geográfico de la provincia de Cáceres se alza la población de Garrovillas de Alconétar, a la orilla del río Tajo. Todavía se puede visitar su impresionante puente romano, que está en un estado bastante ruinoso y cuando las aguas discurren bajas, como ahora, también se puede divisar la torre del castillo de Floripes que las aguas del pantano de Alcántara, el más grande de la península, ocultan. El castillo fue levantado sobre un castro celta que, posteriormente, fue un asentamiento romano.

Garrovillas tiene el sabor de los pueblos que en tiempos pasados fueron importantes. En la actualidad no supera los 2.100 habitantes, pero en los años cincuenta del siglo pasado su población era el triple que la actual. Pese a la inmigración, la mayoría de la cual se fue a El Prat del Llobregat, ciudad con la que está hermanada, mantiene el aura añejo de una población típica de los siglos XV y XVI. “Unos vecinos se fueron a El Prat en los años cincuenta y les fue tan bien que empezaron a acoger a otros inmigrantes del pueblo que fueron a la ciudad catalana, así se formó una importante comunidad de garrovillanos en Cataluña”, nos cuenta el actor amateur y exconcejal de cultura José Luis García Pizarro, que tuvo la gentileza de mostrarnos algunos de los lugares más interesantes del pueblo.

La vida en Garrovillas de Alconétar gira alrededor de la hoy llamada Plaza de la Constitución. Es una impresionante plaza porticada, de las más bellas de la península. La mayoría de sus casas son de dos plantas y en algunas, las que están en el oeste, se pueden comprobar las consecuencias que el terremoto de Lisboa de 1755 ocasionó en el pueblo. Aquella mañana del 1 de noviembre dejó las columnas de las casas más occidentales ligeramente desviadas hacia el oeste. Lo contrario de cómo está la torre de Pisa.

En la plaza principal del pueblo está el ayuntamiento, el moderno Corral de Comedias, que es una réplica del famoso corral de Almagro y que se construyó en los años ochenta en una casa que, anteriormente, había sido cárcel, almacén municipal y vivienda del alguacil. Al norte se sitúa la hospedería Puente de Alconétar, regentada por la Junta de Extremadura, este establecimiento está ubicado en la antigua casa-palacio de los Condes de Alba de Aliste,señores de la villa. Fue construida, como casi toda la plaza, en el siglo XV, posiblemente sobre alguna construcción anterior. Es de estilo renacentista, los responsables de la hospedería han sabido salvaguardar su construcción original conjugándola con elementos actuales.

“Con las reforma de se hizo en 2017 hemos duplicado el número de habitaciones, ahora tenemos 35 en total, la mitad en la parte histórica y la otra mitad en la nueva, donde hemos hecho un salón para desayunos y unos salones sociales en los que podemos realizar todo tipo de eventos, tanto familiares como profesionales”, nos dice la directora de la hospedería, Rosa Domínguez, en uno de los apacibles jardines del complejo, que además de esas instalaciones mencionadas cuenta con un moderno spa en lo que eran las caballerizas del antiguo palacio.

Según nos cuenta la directora a los viajeros, la facturación se ha duplicada desde las reformas. “Nuestro restaurante funciona bien todo el año, incluso con personas que no están alojadas en la hospedería. Ahora, nos están llegando muchos grupos de extranjeros que realizan el Camino de Santiago por la Ruta de la Plata. Solo se tienen que desviar unos kilómetros, creo que nuestras instalaciones y la oferta gastronómica le viene muy bien para reponerse del cansancio del Camino”, expone con profesionalidad.

El restaurante Torre de Floripes es un marco incomparable, sus paredes de piedra están cargadas de historia y muestran un sosegado lugar para degustar las especialidades de la provincia. Tienen dos tipos de menús el del día a 15 euros y otro menú gastronómico por 30 euros, además de la carta. Aunque todas las hospederías tienen menús parecidos, sobre todo en lo que a vinos se refiere ya que son los mismos para todos, siempre dejan lugar para los platos típicos de la zona.

En la hospedería de Puente de Alconétar, además de las migas extremeñas, son la torta del Casar y las croquetas de carne sus platos fuertes. Sin olvidar las sopas frías y sus carnes extremeñas e, incluso, pescados, donde el bacalao siempre está omnipresente. Sus postres son exquisitos y es el higo la base de muchos de ellos, ya que se cría en la zona. Tomando el café nos da pie a que nos cuenten historias y leyendas de la zona. “Cuando la Junta compró la casa-palacio ya no era de los condes de Aliste sino de unos ganaderos de la zona. En donde hoy está el restaurante tenían encerradas las caballerías y las gallinas se movían a sus anchas por todo el recinto”, nos cuenta Rosa Domínguez que sabe muchas jugosas anécdotas del edificio y sus antiguos moradores.

Es el salón Condes Alba de Aliste, situado en la primera plana, un lugar para el solaz entretenimiento, da a la monumental terraza que tiene unas vistas extraordinarias de la plaza. “En este lugar estaban las dependencias de la familia propietaria del palacio. Se tiraron paredes para dejar la terraza tal y como se ve hoy. Lugar privilegiado para ver los toros que se celebran en las fiestas de San Roque”, informa Rosa Domínguez.

Las fiestas de San Roque, patrono de Garrovillas, se celebran el 16 de agosto. Durante un mes se cierran la plaza a los vehículos y se colocan las defensas para celebrar sus peculiares corridas. “La plaza se cubre de arena y se ponen tablones a su alrededor para que cada día se suelten dos toros. Así los mozos y visitantes puedan correr delante de ellos o hacer recortes”. Un peculiar festejo que viene de cuando se construyó la plaza en el siglo XV. “Todavía existe lo que llamamos derecho de vista. Las casas son propiedad de sus dueños, pero durante las fiestas hay algunas casas que sus propietarios tienen que dejar pasar a los personas que siguen teniendo esos derechos de vista para que puedan ver los toros. Estos derechos provienen de la Edad Media y aunque ya sólo quedan tres o cuatro en vigencia son una fuente de conflictos. Algunos están en los correspondientes juzgados”, expone la directora de la hospedería.

Aquí solemos hablar entre nosotros en garrovillano, es como un castellano antiguo, pero con palabras muy específicas

Llegar hasta Garrovillas de Alconétar y no visitar su barrio judío o su casa de los templarios sería imperdonable, como lo es no acercarse hasta el Museo Etnográfico “El Silo” o ir a escuchar el órgano renacentista, posiblemente el más antiguo de la península de sus características a la Iglesia de Santa María de la Consolación. En la visita nos ha acompañado José Luis García Pizarro, animador cultural de su pueblo y actor aficionado en su tiempo libre, fue el principal impulsor para que la serie La Peste se rodase en Garrovillas, al final se desistió en ello y fue elegida la vecina Trujillo.

José Luis nos cuenta numerosas anécdotas de su pueblo y nos enseña los rincones más insólitos del mismo. En la visita a la Iglesia de San Pedro, que tiene un retablo renacentista que combina pinturas y tallas, nos da un pequeño recorrido por los muros exteriores de la iglesia. Allí podemos ver los que se conoce como “el culo del demonio”, una figura pétrea que tiene medio cuerpo fuera del muro. “Se nos antoja que es la parte trasera del diablo que ha intentado entrar en la iglesia y se ha quedado atrapado en el muro”, nos cuenta José Luis y añade “hace un tiempo se restauró el retablo de la iglesia y hubo que quitarlo de su sitio. Entonces, pudimos comprobar la otra parte del diablo y vimos que era un león o un animal parecido. Nada de un demonio, pero todos lo conocemos por su culo”.

Durante la visita a Museo Etnográfico pudimos ver algunos de los tesoros de la cultura popular garrovillana. Lo que más me llamó la atención fue una pequeña cesta con un metal muy pesado. “Los nazis estuvieron por aquí en la Guerra Civil y después, para comprar todo el wolframio que pudieron, lo utilizaban para su industria militar y los lugareños consiguieron unos ingresos extras gracias a las minas que se abrieron por aquí cerca”, apunta José Luis, que conoce muy a fondo la historia de Garrovillas. Tanto que es una de las pocas personas que habla el idioma garrovillano. Por la noche, una de las camareras de la Hospedería, Montaña, nos dijo algunas palabras en su idioma. El nombre de Montaña es muy habitual en esta zona, ya que hay un santuario dedicado a la Virgen de la Montaña. “Aquí solemos hablar entre nosotros en garrovillano, es como un castellano antiguo, pero con palabras muy específicas. Por ejemplo, respelongarsi que es quedarse colgado en una pared. Otras como antaino, aveliar o anifeto (en efecto) son de uso muy común, como gazpachino (murciélago) calpin (grito) o con lo que yo jugaba muchísimo de niño: dolindrí, que no es otra cosa que una canica.

A la majestuosidad del pueblo, se une el gran corazón de sus gentes. En la visita a Garrovillas de Alconétar hemos aprendido costumbres que creíamos olvidadas, hemos visitado calles recoletas que esconden grandes tesoros como esa ferretería de toda la vida que al hacer una reforma surgió una capilla monumental y hemos charlado con personas de una amabilidad extrema que nos han abierto su corazón. Desde luego, el pueblo se merece más de una visita y la hospedería más de una estancia. A no tardar volveremos, anifeto.

Fuente https://www.todoliteratura.es/noticia/52187/viajes/garrovillas-de-alconetar:-el-sabor-de-las-tradiciones-extremenas.html

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