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De la escuela de Arguiñano a la capital gastronómica

Carmen Rodríguez Mendo (Cáceres, 1985) se matriculó en la universidad para estudiar enfermería. Pero descubrió que su verdadera vocación estaba en los fogones. Esta cacereña con raíces garrovillanas se ha formado durante dos años en la escuela que el cocinero Karlos Arguiñano tiene en Zarautz, ‘Aiala’. Ahora ha vuelto a casa para incorporarse a la hostelería local. Llega en un momento crucial. La ciudad ostenta durante este año la capitalidad española de la gastronomía. Estará a partir de febrero en el restaurante El Corregidor para hacerse cargo de la repostería, su especialidad.

«La cocina siempre me ha gustado porque en mi casa se ha cocinado mucho. Pero nunca me lo había planteado como carrera profesional», confiesa en la Plaza de San Jorge, uno de sus rincones favoritos de la Ciudad Monumental. Mientras estudiaba en la universidad, trabajaba como camarera durante los fines de semana para sacarse un dinero extra. Fue así como entró en contacto con los fogones.

Su paso por la hospedería de Garrovillas de Alconétar fue clave para imprimir un giro a su trayectoria. «Empecé como camarera, pero luego me pasaron a la cocina. Estuve de ayudante con Alberto Bravo, el jefe de cocina. Él me decía que se me daba muy bien y me animó a dedicarme a esto», relata.

A la hora de elegir escuela, no tuvo dudas. Su referente era Karlos Arguiñano. Había crecido con él. «Siempre le he visto en la tele y siempre me ha encantado cómo cocinaba. Mi madre tiene sus libros…», ilustra. Carmen hizo las maletas y puso rumbo al País Vasco en el año 2012.

Ahora ha vuelto con su titulación oficial -ha realizado el ciclo de grado medio de técnico de cocina y gastronomía- y una experiencia para contar. «Ha sido increíble. He aprendido de todo y he conocido a cocineros muy importantes. El profesorado es increíble», insiste. Karlos Arguiñano no imparte clases. Sí lo hace su hermana Eva y profesionales como Lordi Etxeondo, que ha trabajado en El Bulli de Ferrán Adriá, entre otros.

El País Vasco es un destino gastronómico de primera división, algo a lo que aspira la hostelería cacereña durante este 2015. «Ellos explotan su producto al máximo. Tienen productos de muy buena calidad y saben explotarlos muy bien. Y a la gente del País Vasco le gusta comer sus cosas. Protegen mucho lo suyo», cuenta Carmen.

A comienzos de 2014 participó en un concurso anual en el que compiten todas las escuelas de cocina del País Vasco. Se celebró en Vitoria, capital gastronómica durante ese año, y obtuvo el primer puesto. Acabó su formación en junio y, hasta noviembre, se quedó trabajando en el restaurante que hay vinculado a la escuela.

Después, llegó el momento de lanzarse al mercado laboral. Tras un fugaz paso por el restaurante de Sergi Arola, en Madrid, ha recalado en El Corregidor, con Francis Refolio. «Me gusta mucho la cocina que hace. Utiliza mucho el producto de aquí. En eso se parece a los vascos. Quiere dar a conocer Extremadura. Creo que con él puedo hacer algo interesante», comenta.

Es consciente de que llega en un momento clave para el sector. «La capitalidad es una oportunidad muy importante para Extremadura y, en concreto, para Cáceres. Todo el mundo conoce el Pimentón de la Vera y la Torta del Casar pero hay gente que no sabe si tenemos mar… Por eso, creo que es una buena oportunidad para dar a conocer la ciudad, la cultura de aquí, nuestros productos, la manera de cocinarlos… Es un reclamo importante. Al País Vasco, aparte de por los paisajes que tiene, la gente va para comer», reflexiona.

Un mundo de hombres

Hoy por hoy, los fogones de los grandes restaurantes están liderados por hombres. Ocurre a nivel nacional y también a escala local. ¿Y en las aulas de hostelería? «En nuestra clase éramos 25, de los cuales seis éramos chicas», ilustra. «En realidad, en pocas cocinas ves jefas de cocina. Siempre hemos sido las mujeres las que hemos cocinado en casa y la dedicación a la cocina profesional siempre ha sido para los hombres. Creo que la mujeres estamos empezando ahora y comenzamos a estar valoradas».

El sueño de Carmen es montar su propio negocio: una pastelería coqueta, con aire francés. «Primero me gustaría terminar de formarme y hacer un curso de repostería con Paco Torreblanca. Y, después, quiero montar mi propio obrador, con una pequeña cafetería».

Fuente: http://www.hoy.es/caceres/201501/11/escuelade-arguinano-capital-gastronomica-20150111002935-v.html?ns_campaign=WC_MS&ns_source=BT&ns_linkname=Scroll&ns_fee=0&ns_mchannel=FB