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Daniel Leno, licenciado en Antropología y graduado en Enfermería: «La reacción social al cólera en el siglo XIX fue la misma que con el ébola: miedo»

EDAD 48 AÑOS LUGAR DE NACIMIENTO CACERES ACTIVIDAD ENFERMERO DEL HOSPITAL VIRGEN DEL PUERTO / PROFESOR DEL DEPARTAMENTO DE ENFERMERIA DE LA UEX ESTUDIOS LICENCIADO EN ANTROPOLOGIA LIBROS PUBLICADOS CUIDADOS ENFERMEROS DESDE EL PENSAMIENTO ANTROPOLOGICO.

¿Cómo reacciona la población ante una epidemia? Daniel Leno, profesor de Enfermería de la Uex y enfermero en el hospital Virgen del Puerto de Plasencia, ha estudiado el cólera-morbo asiático que afectó a la ciudad entre 1832 a 1835 y lo ha plasmado en una tesis doctoral dirigida por Javier Marcos Arévalo y Francisco Javier Barbancho. La defendió en diciembre en el Centro Universitario de Plasencia y obtuvo la calificación de sobresaliente cum laude. A tenor de su estudio, aunque las mejoras científicas y médicas actualmente son evidentes, en estos casos hay un hilo conductor común: el miedo a la muerte. Además, como sucedió con el sida, la gripe A, o más recientemente el brote de ébola, el cólera-morbo asiático cambió la sociedad, tanto que fue el responsable de la puesta en marcha del alcantarillado público en las ciudades.

 

–¿Qué fue el cólera-morbo asiático 1832-35 y qué significó para la ciudad de Plasencia?

–El cólera-morbo durante el siglo XIX era una enfermedad endémica en la India y otros países asiáticos. En el segundo cuarto de siglo se extendió por Europa a través de cuatro oleadas sucesivas que convirtieron la endemia en pandemia. El desconocimiento, por entonces, era total en cuanto a su origen, mecanismos de transmisión y no había remedio para combatirlo. Era una enfermedad nueva y terrible, de consecuencias nefastas. Su cercanía provocaba una alarma generalizada, como antes habían provocado otras epidemias como la fiebre amarilla o la peste. No obstante, para Plasencia supuso más desde el punto de vista psicológico y social que demográfico. No puedo dar una cifra exacta porque no en todas las parroquias se anotaba la causa de la muerte. Lo cierto es que el cólera atacaba principalmente a familias modestas, de higiene precaria, mendigos, vagabundos… Era más grave la aparatosidad del cuadro clínico que presentaba que su incidencia sobre la mortalidad. Debemos recordar que no estamos hablando de una enfermedad del pasado, pues aún no está erradicada totalmente, aunque ya tiene tratamiento.

 

–¿Qué paralelismos puede tener esta crisis sanitaria del siglo XIX con, por ejemplo, la vivida hace un año con el ébola en Madrid?

–Salvando las distancias espaciotemporales, las reacciones sociosanitarias son similares. Están movidas por una emoción primaria humana: el miedo a la muerte. El miedo te lleva a la alienación, a actuaciones irracionales y precipitadas, al margen de presiones políticas y económicas que existen tanto en esta epidemia como en la de ébola, o en situaciones como las provocadas por el sida o la gripe A.

 

–¿Cómo se reaccionó en Plasencia entonces a esta pandemia en tiempos donde no había sistemas de coordinación de emergencias?

–Las noticias que llegaban sobre el curso de la enfermedad motivaron que se creara un dispositivo preventivo en toda regla. El año 1833 fue un año de reuniones de la junta municipal de sanidad en las que se estudiaron los pasos a seguir. En este momento la comunidad científica estaba dividida entre ‘contagonistas’ y ‘anticontagionistas’. Las tesis que predominaban en 1833 eran ‘contagionistas’. Las medidas de lucha estaban orientadas a controlar la libre comunicación a través de barreras. Se pusieron en marcha los tradicionales mecanismos antiepidémicos: acordonamiento de las ciudades, cuarentenas, colocación de guardias de sanidad a las puertas de las poblaciones… También se dieron recomendaciones en materia de higiene y saneamiento. Al año siguiente, cuando el cólera llega a Plasencia, los mecanismos cambiaron por la evidencia de los perjuicios económicos y la fuerza del discurso médico. Las tesis que postulaban que el contagio se producía por el aire cobraron protagonismo y se empezó a incidir en las medidas de higiene y se olvidaron de las de aislamiento que provocaban la miseria y el hambre en la población. Es curioso, pero a pesar de esa previsión, cuando se revisan las fuentes parece que la enfermedad cogió por sorpresa a las autoridades. El acondicionamiento de los hospitales se hizo de forma precipitada.

 

–¿Cree que entonces se tomaron decisiones acertadas para abordar el cólera-morbo en la ciudad?

–Las autoridades no hacían reuniones vacías de contenido, sino que actuaban en base a los mecanismos de lucha de que disponían. Aunque desconocían que la forma de transmisión era fecal-oral, las medidas de higiene que tomaron sirvieron para mejorar la ciudad, como la erradicación de puntos negros, extraer el ganado de las poblaciones, prohibir el vertido de aguas sucias a la calle, y no tener animales de compañía en los domicilios, y llevar los cementerios y muladares fuera de las poblaciones. De hecho, al cólera se le conoce a nivel mundial como ‘nuestro aliado’ ya que potenció las medidas de higiene. En Plasencia, tras la epidemia de cólera se inicia la construcción del alcantarillado público.

 

–Usted trabaja en el Hospital Virgen del Puerto, ¿cree que de producirse una situación similar la respuesta sería más efectiva?

–Sería mejor, porque los avances médicos han sido grandes, pero estoy seguro que la respuesta sociocultural, de miedo a la muerte, sería idéntica.

 

Fuente: http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/extremadura/daniel-leno-licenciado-antropologia-graduado-enfermeria-la-reaccion-social-colera-siglo-xix-fue-misma-ebola-miedo_911917.html