En los últimos días se ha visto en debates y tertulias televisivas y radiofónicas preguntar por la legitimidad reivindicativa de los sindicalistas corruptos implicados en los casos de los EREs y los cursos de formación, así como de la falta de autocrítica. Se les podrá llamar embaucadores, acusarles de traicionar una y mil veces a la clase obrera, de aprovecharse y enriquecerse a costa de ellos, pero sería injusto generalizar y negar que haya quienes a pesar de estas adversidades prevalezcan puros en la lucha, aunque solo sea por mantener la esperanza, la ilusión, la llama viva en los más indefensos por el logro de la justicia social.