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San Antonio de Padua, belleza en ruinas.

A un tiro de piedra de Cáceres, en las afueras de Garrovillas de Alconétar, sorprende encontrar abandonado a su suerte, en una penosa ruina, este Monasterio de San Antonio de Padua. A pesar de su profundo deterioro, el viajero podrá aun adivinar lo que fue, su majestuosidad y belleza arquitectónicas, el recogimiento de sus muros, su claustro, sus bóvedas de crucería gótica semiderruidas entre el silencio del olvido, entre olivares y campos de labor. Impresionante, majestuoso, desconocido e ignorado por las administraciones públicas. Fundado en 1496 por el primer Conde de Alba de Aliste, Don Enrique Enríquez de Mendoza, el edificio primitivo era un convento franciscano de reducidas proporciones. En 1540, don Diego Enríquez de Guzmán, tercer Conde de Alba de Aliste, encarga la construcción de la capilla mayor, encargándose también de la reforma de la iglesia y los primeros sepulcros. En los siglos siguientes, fue objeto de sucesivas ampliaciones que contribuyeron al esplendor del convento. A lo largo del siglo XVIII se construye la Capilla del Cristo de las Injurias, y se amplían la enfermería y los dormitorios. La desamortización de 1836 fue la principal causa de su abandono. A partir de ese momento, fue fábrica y almacén ganadero, sufriendo la burla destructora y el expolio. El tiempo ha hecho el resto hasta hallarse en las penosas condiciones que vemos. El claustro es una de las piezas fundamentales del convento, de un sobrio estilo barroco clasicista. De planta rectangular y doble altura, sostenido por arcos de medio punto con molduras decorativas. En el piso superior nos encontramos con una solución arquitrabada con el doble de vanos que el inferior, su estructura y decoración se encuentran muy deterioradas. De la Iglesia de nave única con ábside poligonal y coro a los pies, destaca su impresionante bóveda de crucería. Al entrar en el templo es imposible no sentir un enorme escalofrío, por su grandiosidad, sus proporciones, su penoso olvido. Se diría que el edificio habla, que sus ruinas se lamentan ante el constante vandalismo. Sus pinturas murales han sido destrozadas, cubiertas con pintadas y quemadas, no se ha respetado ni siquiera el interior de la iglesia. Afortunadamente el convento es visitable, y al parecer en los últimos años los visitantes suelen ser respetuosos y conscientes del valor artístico e histórico del edificio. Parece que este año, como los anteriores, la administración autonómica no tiene fondos para su restauración, pero nos consta que se han sondeado soluciones financiadas por instituciones privadas. Cualquier solución será bienvenida.

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