#104384
DR.HOUSE
Miembro

A los 20 años se licenció en Derecho con matrícula de honor. A los 21 obtuvo el doctorado, con premio extraordinario. A los 22 ya era letrado del Ministerio de Gracia y Justicia. A los 23, abogado del Estado. A los 24 entró en política, de la mano de Antonio Maura, y a los 26 se convirtió en diputado por Orense. Con 32, y tras pasar por la Dirección General de la Administración, fue nombrado ministro de Hacienda.   

José Calvo Sotelo, uno de los políticos más influyentes y, a la vez, más desconocidos del siglo XX, fue precoz en todo, hasta en morir. 

En la madrugada del lunes 13 de julio de 1936, un grupo de guardias de asalto capitaneados por el capitán Condés, un guardia civil de extrema izquierda que había sido apartado del cuerpo por unirse a la revolución del 34, se presentó en su casa de la calle Velázquez y se lo llevó preso. Tras un paseo bien breve, Luis Cuenca, pistolero socialista y escolta de Indalecio Prieto, le descerrajó dos tiros en la nuca.  El sábado de esa misma semana, el general Franco sublevó al ejército de África. La Guerra Civil había empezado. 

Esta triste historia la conocemos, con excepción de las nuevas hornadas de estudiantes logsianos, casi todos los españoles. Calvo Sotelo, el aplicado estudiante, el joven político llamado a renovar la Monarquía alfonsina, el hombre-prodigio de la dictadura de Primo de Rivera, el rebelde con causa a quien se le prohibió entrar en España a pesar de haber sacado por dos veces acta de diputado, es un auténtico enigma.  Lo es porque desapareció del mapa en su momento justo de sazón. Y porque tanto a la izquierda como a la derecha sólo les ha interesado la última etapa de su vida, la de su trágica muerte.

Bueno, a decir verdad, a la izquierda del pasado le interesó liquidarlo, y a la del presente ocultar ese capítulo vergonzoso y ruin; y qué mejor manera de hacerlo que ignorando a su protagonista.  

La de Calvo Sotelo fue una biografía intensa, atada con cuerdas a la época que le tocó vivir; a unos años en que España viajó peligrosamente de la Restauración a la Dictadura, y de ahí a la República. Fue su muerte, precisamente, lo que marcó el fin de esta última y el inicio del capítulo más lamentable y bochornoso de nuestra historia. Es difícil concentrar tanto en tan poco.

Para saber más:

JOSÉ RODRÍGUEZ LABANDEIRA: ESPAÑA ANTES DEL ODIO. Claudia (Madrid), 2007