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Sobre faltas de ortografía y juego limpio en los debates

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liberal
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Uno, que es seguidor habitual, e interviniente ocasional, en los debates que se producen en la red sobre cuestiones públicas, advierte, he de decir que con cierto asombro, que la mayor parte de las controversias en los sitios de debate por Internet de esta parte de la rivera del Tajo, se centran en los continentes de las aportaciones, y no alrededor de los contenidos de las mismas, que deberían ser lo verdaderamente importante. Es decir, se debate más sobre el propio debate, que sobre los argumentos que se esgrimen durante el mismo. 

Partiendo del hecho de que sería deseable una expresión pulcra y sin faltas de ortografía, no todos tienen la capacidad de expresarse correctamente, ni tienen por qué tenerla. Algunas personas me alaban, creo que en exceso, por mi expresión escrita, preguntándome, incluso, qué he estudiado para escribir así. Aunque alcanzar un cierto nivel de estudios debería garantizar un nivel manejo adecuado de la lengua, esto no siempre ocurre. Conozco personas que demuestran un dominio más que aceptable de la expresión escrita que otros con titulaciones de mayor grado. Aunque existe una cierta correlación entre ambas cualidades, capacidad expresiva y nivel de estudios, no debemos, es más, no podemos, generalizar al respecto. Mi experiencia personal es que a escribir se aprende leyendo, y puede conseguirse una expresión escrita muy correcta, y hasta artística, con un nivel de estudios básico, pero con una adecuada política de lecturas.

Por consiguiente, es mi opinión que los requisitos formales no deberían ser exigibles para poder aportar ideas y opiniones durante cualquier discusión y, por supuesto, tampoco deberían utilizarse como arma arrojadiza para tirar a la cabeza del contrincante o adversario las faltas de ortografía que éste cometa. Cuanto más se escriba, más se está expuesto a cometer un error que, muchas veces, es más tipográfico que ortográfico, sobre todo si se está más pendiente de argumentar y razonar (lo que yo llamo el contenido), que de cumplir escrupulosamente las normas de la RAE (lo que sería el envase) en lo que a expresión se refiere. 

Por ello, en la mayor parte de los debates en los que intervengo, siempre procuro ceñirme a las ideas que creo advertir, algunas veces con más dificultad que otras, en los escritos de aquellos que conmigo discuten, sin utilizar los errores, ortográficos o gramaticales, que puedan cometer para desacreditar su opinión. Actuar de otra manera, me parece un recurso tramposo y reprobable, además de una muestra estúpida de vanidad intelectual. 

Eso sí, tampoco consiento el fenómeno contrario, que también me ha ocurrido, consistente en ciertas personas que puedan achacarme una supuesta postura de superioridad cuando ésta no está ni en la literalidad de lo que escribo, ni en la intención con que lo hago. Y después de esta retahíla, creo que podemos aceptar todos estas conclusiones:

1. Es deseable escribir bien y, en lo que se pueda, mejorar la expresión, pero como intención individual.

2. Fijarse en las faltas de los demás cuando emiten sus opiniones o escriben lo que les parezca y, peor aún, poner estos defectos de manifiesto para lograr una posición de superioridad en el transcurso de un debate, es un recurso muy bajo que empobrece las discusiones.

3. Del mismo modo, tampoco es aceptable que aquellos que se piensan inferiores se coloquen como víctimas de la supuesta superioridad de los otros por un sentimiento parecido a la pura envidia.