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Pues no, no tenian nada de eso

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kupiu
Jefe de claves

No se bien a que te refieres, B.Durruti, ni que quieres dar a entender con el comentario anterior. Lo que he comentado lo se porque he leido el libro que escribio nuestro paisano Teofilo Dominguez. Libro que, dando mi apoyo a pastinu en otro hilo, es de lo mejorcito que tenemos para entender un poco como se vivio aquella malograda epoca. Sobre todo destacaria la imparcialidad con la que cuenta todos los hechos. Otra cossa dejati de señorius conmigu y no me llamis cupido coño, que me cuehta hahta leerlu. 

 TOMA DEL AYUNTAMIENTO

La tarde del 19, el ambiente era expectante. Nadie recuerda la hora exacta, pero como veremos debían ser entre las 2 y las 6 de la tarde aproximadamente cuando un grupo de izquierdistas se hallaba en la plaza, frente a la sede de la Casa del Pueblo, nº2, junto al Ayuntamiento. Entonces llegaron los falangistas a la Plaza acompañados de la guardia civil que les había hecho entrega de las armas de las cuales eran portadores. Bloquearon algunas bocacalles y se situaron por la parte de las posadas desplegados en forma de guerrillas y fueron cerrando el cerco hasta el Ayuntamiento.

Ante la mirada atónita de los obreros, que con el ceño fruncido y contenida la respiración asistían impávidos a la perdida de sus derechos constitucionales. Fue un momento de máxima tensión.

Cuando los falangistas avanzaban hacia la Casa Consistorial, Victoriano Jiménez, fue el único que dijo en voz alta: “¡¡ A por ello, que son cuatro gatos!!”.

La unifica respuesta que obtuvo fue la de Antolin Declara, que dijo: “Si pero arañan”.

En aquel momento era imprevisible prever la reacción de cada cual, pero quizás el instinto de conservación, el miedo a la integridad física y el no disponer de armas para enfrentarse a los invasores, hizo que aquellos hombres rudos, curtidos por el sol, no movieran un dedo en pro de su causa.Algunos huyeron calle Hierro arriba y otros salieron por la trasera de la Casa del pueblo que da a la Calle Gabriel y Galán.

Los falangistas se hicieron con el edificio municipal, aunque oficialmente lo hizo la Guardia Civil. En el ayuntamiento se encontraba el alcalde Enrique Peña, acompañado por Pedro Èvole que era el segundo alcalde.

Extraido del libro "Garrovillas de Alconetar 1930-1940", del autor garrovillano Teofilo Dominguez

Kupy