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liberal
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Últimamente, ante el recrudecimiento de la dialéctica entre el señor alcalde y los administradores de Alkonetara, alguien como yo, que es asiduo visitante e interviniente en ambas páginas, no puede sino asistir con una mezcla de asombro, incredulidad y, por qué no decirlo, desaliento, ante un enfrentamiento que, probablemente por circunstancias viciadas de nacimiento, ningún fruto positivo, al menos desde mi punto de vista, puede producir.

Voy por ello a realizar un ejercicio que, pretendiendo ser de mediación y conociendo, siquiera someramente, las características de esta disputa y, lo que es más importante, las personas que la protagonizan, esté desgraciada y muy probablemente abocado al fracaso.

El problema fundamental de la política de ámbito local, y a la vez su grandeza, no es otro que el personalismo. Esta circunstancia inherente provoca que, cuando desde una posición se critique la postura pública de otro, el conocimiento personal hace que la reacción del que se siente agraviado no vaya muchas veces contra la política del partido X, sino contra “el cabrón de fulanito”. La conclusión es que, lo que tiene su cara en la facilidad de exigir responsabilidades a los poderes públicos gracias a su cercanía, tenga también su cruz en la creación de conflictos personales que se enquistan por los siglos de los siglos.

Pero no quiero irme por las ramas.

Desde que desperté a la política, empecé a escribir en las páginas del pueblo. Me gozo en considerarme amigo de los administradores de Alkonetara desde hace varios años. Wilfredo  y compañía han creado y, lo más importante y difícil, mantienen, la que es, sin lugar a dudas, la página sobre Garrovillas más importante de la red. Escribiré en Alkonetara y lo seguiré haciendo.

Igualmente, y desde aquí lo digo y más abajo lo firmaré, me congratulo de mantener una buena relación con Cándido J. Gil. Este hombre, le pese a quien le pese, ha supuesto una revolución en la política local de Garrovillas y, con sus errores, comunes a toda obra humana, ha llevado (sigue llevando) a cabo un modo de hacer política con una seriedad y rectitud que, nadie se me enfade, hacía muchos años que no se veía en el Ayuntamiento de nuestro pueblo, si es que alguna vez ha ocurrido algo parecido, que lo desconozco.

Ambas partes han venido utilizando las plataformas de comunicación que Internet ha puesto a nuestra disposición. Lo digo en el sentido de que ambos han sido administradores de páginas que han abierto a la libre y oculta opinión de quien quisiera intervenir. Y aquí surge el problema. Cuando a la gente se le da la oportunidad desde el anonimato, de expresar su opinión, no todos lo hacen desde el debido respeto, sino que comienzan a producirse insultos, descalificaciones, etc.

Además, y lo que es todavía más complicado de controlar, muchos toman como ofensas personales lo que sólo son críticas a sus posiciones políticas.  Se han visto, por tanto, tanto Wilfredo como Candi en la necesidad, seguro que no buscada por ninguno de los dos, de convertirse en censores. Y eso es algo muy complicado.

He de reconocer que no conozco el origen de la disputa en profundidad. Probablemente hubo agravios de una parte, magnificados y respondidos por la otra, como en todo enfrentamiento cainita que, entre todos, haríamos bien en desterrar.

Lo que me interesa son sus resultados, según mi opinión, tan nefastos, que deberían llevar a la reflexión a ambas partes. Veamos:

¿Qué consigue Candi? Es cierto que, en base a un artículo suyo que vio censurado, prometió no volver a escribir en la página. Probablemente la administración de Alkonetara fue injusta. Siguiendo su acreditada honradez intelectual, cumplió la promesa que se hizo a sí mismo. Lo que yo entiendo es que, sin duda, tuvo motivos sobrados para sentirse ofendido, pero después llegó la web de la PSDG, y no me negará que los problemas con escritos irrespetuosos se han producido igualmente y la censura fue nefasta, igual que un poco antes lo había sido en Alkonetara.

El resultado no ha sido otro que dejar la plataforma de comunicación más potente de la red en manos de un partido que ni siquiera admite comentarios en su plataforma. La situación llega a ser tan kafkiana, que vemos conversaciones entre hilos de la página web de la PSDG y de Alkonetara. ¿De verdad merece la pena?

¿Y qué ha conseguido Alkonetara? Pues ha conseguido que alguien que no conozca el desarrollo de la página pueda pensar que no es sino el altavoz del partido de la oposición. No porque lo pretendan sus administradores, sino por incomparecencia de la opción de gobierno. Pero el hecho claro es que la parte sociológica de Garrovillas  que simpatiza con PP/PSDG está percibiendo que Alkonetara le está haciendo la propaganda al PSOE, Y, probablemente también de manera injusta, se está ganando su animadversión y, como consecuencia, su negativa a participar en ella. Más cuando vemos que se publica hasta la celebración del 1º de Mayo, pero no porque lo envíe nadie del PSOE, que sería lo lógico, sino por parte de un administrador de la página

Terminaré diciendo que yo no soy nadie para hacer cambiar las posturas políticas de otros, ni mucho menos sus posiciones personales. Solo lo hago como un ejercicio de libre expresión, para llamar a la reflexión de ambas partes, a las que aprecio, y sabiendo que, a pesar de que el enfrentamiento continúe y esto no sirva para nada, mi buena consideración hacia ambas partes continuará igual en el futuro. Además, estoy abierto, por supuesto, a la respuesta de todos.

Saludos.

 

Álvaro Ávila García