#104070
MI
Miembro

—La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a

desear; porque ¿ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o

pocos más, desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla y quitarles a

todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer?; que esta es

buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la

faz de la tierra.

—¿Qué gigantes? —dijo Sancho Panza.

—Aquellos que allí ves —respondió su amo— de los brazos largos; que los

suelen tener algunos de casi dos leguas.

—Mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se

parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos

son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.

—Bien parece —respondió don Quijote— que no estás cursado en esto de

las aventuras: ellos son gigantes, y, si tienes miedo, quítate de ahí y ponte en

oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

Y, diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las

voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran

molinos de viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan

puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho ni

echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes iba diciendo en

voces altas:

—¡Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que

os acomete!