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Advierto con perplejidad,

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#106543
liberal
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Advierto con perplejidad, más no con sorpresa, cuáles son los métodos engañosos y descalificativos que ciertas personas usan para defender sus posturas. Me asombra porque, además, la gente lo lee y se admira de lo que, sólo aparentemente, es una postura argumentada. Lo cierto es que, si observamos detenidamente los textos de los que así se conducen, existe muy poco de defensa de una opinión y mucho de descalificación de los que defienden la posición contraria.

Obsérvese el matiz. No se critica la opinión, no se argumenta sobre la postura, simplemente se descalifica al que la defiende. Obviamente, si cualquiera que se manifieste en contra del aborto recibe una avalancha de descalificativos, si quien define el aborto como crimen pasa a convertirse en un peligroso ultraconservador, su opinión queda invalidada, no como tal opinión, sino porque previamente se ha vilipendiado al que la emite. Ya digo que no me sorprende. El propio Lenin aconsejaba a sus subalternos que, cuando se viesen en la tesitura de atacar a los que amenazaban la revolución, (más bien su idea de revolución), no descendieran a defender sus posturas sin antes haber desacreditado al oponente tachándole de fascista. Es una forma de argumentación característica del totalitarismo.

Cuando alguien ha citado una opinión de una persona formada, que ha alcanzado en la vida una cierta posición debido a su valía, ya sea un catedrático o una pediatra, si dicha opinión se postula contraria a la dictadura de lo políticamente correcto, entonces, su opinión no vale, ya que, o bien pertenecerá a un lobby ultracatólico o, si no tiene adscripción a ningún movimiento, entonces es un conservador reaccionario y, por supuesto, no tiene ningún tipo de sensibilidad social, es decir, no puede opinar. Su opinión no es válida.

Estaría bien que los comisarios políticos de la página, cuya moral superior y su, qué duda cabe, mayor preocupación por lo social, les hace estar por encima del resto de nosotros, pobres mortales, con un pensamiento que aún no ha recibido los beneficios del relativismo, establecieran una lista sobre diversos temas que recoja qué opinión es válida y cuál no lo es, para que los que osamos manifestarnos en contra de tan conspicuos defensores de una ética social tan elevada, no perdamos el tiempo en verter nuestros estúpidos argumentos, producto de una forma de pensar anticuada y reaccionaria.

Además, ¿cómo es posible que, en nuestra incultura, podamos usar un argumento tan pobre como comparar el aborto con el holocausto de los judíos? Alguno pudiera pensar que el método que utilizaban los nazis para, primero negar a los judíos el carácter de “personas” y después poderlos eliminar sin los molestos remordimientos que la gente suele tener cuando asesina, es bastante parecido a lo que sucede con el aborto. Primero negar al feto la calidad de persona para minimizar la posible sensación de culpa que podría asaltar a una chica cuando aborta. Otros, ignorantes absolutos sin duda, sabemos, sin embargo, que los guardias nazis de los campos de exterminio, al parecer, mostraban una gran preocupación por sus pastores alemanes al mismo tiempo que mandaban a millones de seres (vivos pero no humanos diría algún ministro) al horno crematorio. En nuestra ignorancia oceánica, percibimos un cierto parecido en aquellos que parecen estar sumamente preocupados por la vida del toro de lidia, mientras que se sienten, digamos, poco incumbidos por la realización de centenares de miles de abortos. Pero sin duda, estos no son argumentos válidos, pues somos peligrosos fundamentalistas