Por fin a día 11 de septiembre parece que se puede decir aquello de: “relaxing cup of café con leche” que dijo aquella regidora del foro madrileño con intención de vender su pueblo, porque por mucha capital del reino que sea, Madrid sigue siendo pueblo. En este caso, aquí en Garrovillas, también ha llegado el “relaxing; y no solo la tranquilidad, sino hasta la desbandada; el día después de la Virgen, como se dice por estos pagos; entre los que se van por obligaciones laborales, otros por aquello del comienzo del curso escolar –me refiero a los abuelos que tienen que atender a los nietos y dar facilidades a los hijos- alguno que otro que aprovecha para tomarse unos días después del ajetreo vivido; hemos quedado el “apuntaol” y algunos más que nos hacemos los “remolonis”. Yo suelo aguantar hasta la onomástica de mi amigo Mateos y así aprovecho para saludar algún compañero más que viene a probar la tarta y alguno a vender alguna bestia al mercado de ganado, si bien es cierto que se vende poco, solo se hace una pequeña muestra de lo que fue.
También me quedo por estar un poco pendiente de tener que echar, no un capote como en los toros, una mano a las crianzas que estos días tienen como mejor diversión, subir y bajar al escenario que prolonga su estancia, incluso después de terminar el cometido para el que es montado. ¡Menos mal que estoy pendiente de ellos, y que a los niños y a los beodos siempre les pone Dios la mano debajo! Porque por peligro y ocasión no será. ¿No se podría quitar o buscar alguna solución para evitar algún “bollu pa San Blas” o algún viaje a Cáceres a visitar el San Pedro? ¡Pero claro como siempre se ha dejado ahí…! El día que dijeron a quitarlo, antes de las diez de la mañana estaba hasta recogido, pero ahora lo de la procrastinación está muy de moda.
Otra cuestión que me ocupa y me preocupa es el tiempo invertido en el montaje, desmontaje y limpieza el coso taurino; si se leen documentos algo pasados de fecha, se puede comprobar que antes se hacía en un par de días; cierto es que no tenía por aquellos entonces la seguridad que hoy tiene el ruedo, inclusive el suelo engorronado y con tierra facilitaba el asunto; habrá que seguir buscando métodos más apropiados para reponer La Plaza en perfecto estado de ser visitada y dañando lo menos posible su aspecto ordinario.
También he tenido que recurrir al santoral para que pasadas las fiestas gordas nos cayera una “mareina”, efectivamente, el día 6 de septiembre día de Santa Regina ¿de qué me sonará a mí ese nombre? cayo una buena “trujillana”, “no es que yo la precisi pal ganau ni pa las tierras”, no, quien realmente la necesitaban eran los contenedores, esos donde se deposita la basura y que ellos mismos tenían más mierda y mas “jehol”, con perdón, que los propios desechos de los vecinos.
Otro día, me han tenido toda la mañana detrás del personal que iba quitando la iluminación especial que estas fechas ha adornado la arteria principal del pueblo, el motivo no ha sido otro que el evitar milagrosamente el que no haya pasado nada. El método que se utilizaba, no sé si otros años también, consistía en dos personas en la pala de una máquina excavadora, que una tercera conducía, se colocaban en la vertical del luminoso, y sin arnés ni cinturón de seguridad, mucho menos un casco o unos guantes, eran elevado hasta alcanzar el objetivo a desmontar y haciendo gala de un equilibrio y valentía espectacular conseguían lo propuesto. La Ley de Prevención de Riesgos Laborales que se aprobó allá por 1995, pasada por debajo de las ruedas de la máquina excavadora. Pedí ayuda a mi amigo San Doroteo para que me echara una mano; yo, estaba de los nervios.
Volviendo a lo que estos días nos ocupa, los toros, he releído un trabajo de un tal Gonzalo Évole que allá por 1971 fue finalista del IV Premio de Reportaje Manuel Brunet. El reportaje, con alguna que otra hipérbole y algo de superrealismo, nada tiene que ver lo que en él se describe sobre “la capea” con lo que ocurre en la actualidad; sería como comparar la película de “pueblerina” con la situación socio-económica con el momento actual, pienso que algo si se ha ganado.
Aunque algunas cosas no es que hayan mejorado mucho, me explico, ¡es que a mí me gusta esplicotearlu tou! En el reportaje de Évole describía la situación en la que quedaban los hombres en el pueblo, después de los toros por aquellos entonces, a merced del dedo que tuviera a bien señalarlo para que fuera a echar “una güebra” con la intención de conseguir alguna “perra” para el sustento diario. Entonces los dedos señaladores tenían nombre propio, hoy la diferencia es que el dedo señalador se llama PER y lo manejan otros.
Si tenéis tiempo y gana, escribir en el buscador “la capea” y os llevaba al documento que he mencionado, a mi me ha vuelto a resultar interesante, ya digo, haciendo abstracción del tiempo transcurrido.
Voy terminando, otra cosa que parece no pasar el tiempo por ella, son los actos y actividades que se realizan para celebrar el día de la Patrona, Nuestra Señora la Virgen de Altagracia y por añadidura el día de la Comunidad Autónoma, Día de Extremadura. Desde “chiquininu” siempre igual, “los covetis, el baili, la misa, la procesión y pocu más”; hasta han desaparecidos alguna que otra vaquilla que era lo que aguantaba al personal por los rededores de la ermita, quien lo ha ganado han sido los restaurante de la zona, es que nos hemos vuelto muy comodones y nos gusta mucho ir a mesa y mantel puesto. Bueno alguien más también habrá ganado algo, ya que desde que se celebra el Día de Extremadura, pienso yo, que los gastos se repartirán algo más que cuando esta celebración no existía. Por lo tanto los garrovillanos hemos salido perdiendo con relación a lo de los días festivos ya que celebramos la Patrona y la Autonomía el mismo día. Recuerdos para un amigo que no opinará como yo y seguirá defendiendo que somos el pueblo que más fiestas tenemos. Un abrazo.
Julio Saavedra Gutiérrez