Primeramente quisiera expresar que mi intención al abrir este nuevo hilo es continuar con lo que se ha venido discutiendo en el de los comuneros, pero como lo veía muy saturado, he decidido realizar esta intervención como tema nuevo. No es tal.
Llevo varios días observando con gratificante impresión el interés que, aparentemente, despierta la Historia entre los compañeros foreros. Como he visto que el amigo Ehpoliqui está bastante solo frente a la maquinaria historiográfica marxista, voy a intentar echarle una mano con mi humilde punto de vista.
No voy a entrar en la cantidad de tópicos izquierdistas, por lo demás bastante fáciles de desmontar, que se vienen vertiendo con una alegría verdaderamente desconcertante, sobre muchos sucesos de nuestra Historia (Guerra de la Independencia, revuelta comunera, etc). Es inútil. Si una cosa se aprende viviendo en este país es que por mucho argumento de que uno se sirva para sostener una idea, si va en contra de cierta doctrina políticamente correcta, es como disparar flechas contra un muro de piedra.
Aquí el problema no es que haya puntos de vista más o menos dispares sobre una serie de hechos de nuestra Historia. Eso ocurre en los ambientes académicos en todos los países del mundo. El problema es la utilización de la Historia como arma arrojadiza contra el adversario político. El problema es que se hace política con la Historia.
Lo que aquí se intenta es dar una visión, en la cual sólo se incide sobre las partes de nuestro pasado más lamentables desde los cánones actuales de pensamiento, en lo que constituye una patología masoquista bastante preocupante. A continuación se culpa de todos esos males, ya digo, sin ningún tipo de análisis, sino solamente a base de tópicos fácilmente digeribles por mentalidades poco formadas, a una especie de conjura de unas clases sociales privilegiadas que sirviéndose, entre otros mecanismos, de la religión, han oprimido invariablemente al pueblo. Por supuesto, el hecho de que esto haya ocurrido en todos los países del mundo se pasa, obviamente, por alto. Además, se realizan este tipo de afirmaciones utilizando generalizaciones grotescas de puro zafias, y sin introducir ningún tipo de matiz.
Después, se identifica al enemigo político (en general, cualquiera que piense que España es un país del que sentirse orgulloso, o cualquiera que no piense que la izquierda es la panacea universal) como el heredero de esa supuesta España opresora, para, contando con una superioridad de medios absolutamente abrumadora, machacarlo en todos los ámbitos, empezando por la Administración del Estado o autonómica, siguiendo por las aulas universitarias, y terminando por los bares del pueblo. Esto no es nuevo, es Marx y Lenin en estado puro. La Historia, convenientemente manipulada, también puede ser un arma revolucionaria.
A mí no me vale que se diga que es positiva la existencia de distintos puntos de vista para discutir la Historia, cuando a continuación se está a favor de que uno de esos puntos de vista se convierta en pasado oficial, a base de leyes de Memoria Histórica y a golpe de Boletín Oficial del Estado. Porque lo que se consigue así es, crear un pasado de buenos y malos para, de este modo, crear también un presente de buenos y malos.
Resulta absolutamente orwelliano establecer esta suerte de pasado oficial, que en cada momento es lo que conviene al poder, mediante la creación de un Ministerio de la Verdad. La Ley de la Memoria Histórica no es más que esto.
Recomiendo una lectura detenida del artículo de la Wikipedia sobre la obra 1984 de George Orwell, así como de la obra en sí. Si hacéis esto, sabréis a qué me refiero.
Quedad con Dios.