Un pionero en la música española.- Un alconeteño en Japón y Filipinas.- Fray Pedro destruyó mil ídolos.- Los capitanes de América.

 

No es fácil a la hora de hacer una selección de los hijos ilustres de Garrovillas escoger los más representativos, pues al gran número de garrovillanos sobresalientes hay que unir la gran variedad de facetas en las que destacaron, así como el alto valor personal de cada uno de ellos. A modo de ejemplo, podemos señalar que en el libro “La Epopeya Extremeña” figuran más de setenta garrovillanos que, por una u otra razón, destacaron en la conquista de América. Por otra parte, el auge que conoció la villa aL arruinarse la de Alconétar se prolongó a través de varios siglos, por lo que Garrovillas fue cuna de magníficos artesanos, muchos de los cuales contribuyeron al engrandecimiento artístico y cultural de la ciudad de Cáceres.

De entre una larga lista de artistas, podríamos destacar a los organistas Lucas Acedo y Diego Hernández; a los cerrajeros Pedro Durán y Antonio Rincón, autores, respectivamente, de las rejas central y laterales de la ermita de La Paz, sita en la Plaza Mayor de Cáceres, y a los arquitectos Juan Sánchez Lobato, artífice de la hermosa fachada de la iglesia de los Jesuitas, en Cáceres, y Gonzalo de Vega, constructor de la portada del Convento de San Francisco (Cáceres) y de la portada principal de Santa María de Consolación, de Garrovillas. Ahora bien, puestos a elegir una breve selección de nombres, podríamos quedarnos con:

DOMINGO MARCOS DURÁN, nació en la segunda mitad del siglo XV, muriendo, según parece, después de 1518. No es extraño que arraigara en él, lo mismo que en su paisano Fray Juan, una profunda vocación musical, ya que por aquel entonces Garrovillas debió gozar de un ambiente extremadamente favorable, como lo demuestra el hecho de que la parroquia de Santa Maria posea uno de los órganos más antiguos de Europa y que, además, existiera una importante escuela musical. Su actividad musical se desarrolló en círculos eclesiásticos próximos a la Universidad de Salamanca, gozando de la protección de don Pedro de Préxamo, obispo de Coria, y de don Alonso Fonseca, arzobispo de Santiago. Se conservan tres obras impresas de este ilustre garrovillano:” Lux bella”, “Comento sobre Lux bella” y “Súmula de canto de órgano, contrapunto y composición vocal e instrumental”, todas ellas de marcado carácter didáctico. Domingo Marcos Durán es uno de los pioneros en la historia de la música española en la época de implantación de la imprenta. Fue el primero que dio a la nueva técnica sus libros o, dicho de otro modo: el primer tratado de música impreso en España fue obra de este extremeño de Garrovillas.

FRAY JUAN DE GARROVILLAS, vivió a finales del siglo XVI y primeros del XVII, y de él dice el P. La Llave, cronista franciscano de Filipinas, que fue muy apegado a las costumbres de Extremadura y un enamorado de la cultura, muy especialmente de la música, quizá por influencia del ambiente musical de su patria chica. El P. Garrovillas, como se le conoce, ejerció su labor misionera en Filipinas, dirigiendo después la misión del Japón, desde donde instruyó las diligencias para la beatificación de los religiosos muertos en la masacre de Nagasaki, lo que se consiguió en 1617. Fue preocupación constante del fraile garrovillano elevar el nivel cultural de aquellas regiones fomentando la creación de escuelas para que los nativos se hicieran capaces de autogobernarse. Como ejemplo claro de cuanto decimos está la escuela de música de Lumbang, a la que llegaron a acudir 400 niños elegidos entre los más despiertos de cada pueblo y donde se les proporcionaba, además de una exquisita educación musical, una educación integral. Y prueba de ello es que Filipinas es hoy uno de los pueblos que más vive la música y mejor sabe expresarse con ella. Nacido el P. Garrovillas en tierra de órganos, los nativos aprendieron a fabricarlos y así pudo regalar el mejor árgano del archipiélago a su escuela de Lumbang.

FRAY PEDRO DE LAS GARROVILLAS, franciscano de fervor extraordinario. Tanto, que en los territorios bañados por el mar del Sur, donde ejerció con preferencia su ministerio, destruyó más de mil ídolos. Fue hombre de letras y amante de la cultura. Murió de más de setenta años en el pueblo de Cincontzan.

ALONSO DE MENDOZA. Capitán, amigo de Velázquez, que desde la Fernandina marchó con Garay a Jamaica. Acompañó a éste a la conquista de Panuco. Después, acogido a la villa de Santisteban del Puerto, fue arrojado de allí por pertubardor y sedicioso. Marchó a Perú, donde se mezcló en los disturbios que ensangrentaron aquel territorio. De todo esto podemos deducir el espíritu aventurero de este extraño personaje.

BENITO HURTADO. Fue uno de los capitanes más distinguidos que llevó el gobernador Predarias Dávila a la conquista de Castilla del Oro y provincia adyacentes. Luego sirvió en la de Nicaragua a las órdenes de Francisco Hernández de Córdoba. Rebelado éste contra Predarias, Hurtado, así como su compañero, el después célebre Hernando de Soto, rehusaron seguirle y se unieron al gobernador cerca de Chira (1526). Aventurero impenitente, figuró también (1542) en la partida de Ruy López de Villalobos, capitán general de las islas de Poniente, dispuesta por el virrey D. Antonio de Mendoza. Ocupado el puerto de la Navidad en el mar del Norte, pasó con los demás expedicionarios al valle de ulancho, en el que, cayendo sobre ellos las tropas de 150 caciques, sucumbieron heroicamente Hurtado y sus compañeros.

JERÓNIMO DE SANDE OLIVEROS, sacerdote del siglo pasado y gran amante de la cultura, especialmente de la Historia y de la Arqueología. Por esta afición a la Arqueología no es difícil de imaginar que sus paisanos le miraran como a un personaje exótico al verle continuamente ir y venir cargado de piedras y otras cosas raras. Durante muchos años desarrolló don Jerónimo una constante y callada labor investigadora para desentrañar los misterios arqueológicos que encerraba la zona de Alconétar. Una y mil veces pateó el terreno en busca de un hacha de sílex o de un dolmen prehistórico. Y así logró archivar y catalogar infinidad de objetos, que un buen día, en 1878, se atrevió a presentar en la Exposición Universal de Paris. Allí causó admiración, tanto por el volumen de la colección como por haber sido ésta rescatada en una zona de área relativamente pequeña.

Texto pertenecientes a la Guía historico-artistica de Garrovillas de Alconetar.

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